sábado, 21 de agosto de 2010

Aullando ante el muro




Los helados botones blancos horadan ya el negro manto nocturno,
Y las frías agujas de la escarcha bañan mi inerme piel expuesta,
El sol, ensangrentado y vencido, por el horizonte se oculta taciturno,
Y brillante salió a jugar su pequeña hermana de plata, en respuesta.

La tierra respira bajo mis pies, lenta y profundamente, exhalando un suspiro,
Mil flores se abren como un frasco de fragancia que el ambiente perfuma,
Los pequeños cantores de la noche afinan con esmero sus violines, sin respiro,
Y ante esta diminuta orquesta, el silencio que el dorado astro impone, se esfuma.

Y ahí estas tu, níveo alabastro de delicadas facciones que ningún Dios oso crear,
Una ola de delicioso ébano, una cascada de negrura tu hermosa faz enmarca,
Con dos brillantes esmeraldas y turquesas que son como la hierba verde y el mar,
Esos pozos de brillante y viva luz en cuyo reflejo, como un rio, un día se perdió mi barca.

Tiemblan mis pobres y torpes patas ante tu mirada, que como una espada me atraviesa,
En esta larga noche que empezó tiempo atrás, nunca imagine que podría encontrarte,
El mundo y su contenido ante tu presencia palidecen, y mi corazón salta cuando en ti piensa,
Valieron la pena los siglos pasados en penumbra, ante la mera posibilidad de poder amarte.

Mas cuando avanzo, tiembla la húmeda tierra bajo mis pies, y observo, sorprendido,
De mi aliento surgen briznas de cristal cuando los amargos frios mis pulmones inflaman,
El gélido aire se condensa, y raudo, crece el violento y frio hielo, en un patrón aprendido,
Ante mi se forja un muro, duro y frio, hecho de puro hielo, que implacable separa a los que aman.

Te elevas sobre mí a alturas imposibles, hechas de pura distancia y oscuro recelo,
Mi alma de lobo gruñe, rabiosa ante el premio que de mis fauces escapa, y triste aúllo,
También yo, con miedo azul, y crueles palabras enladrillé hosco y frío el sombrío hielo,
Ante nuestras trincheras, vacía la tierra de nadie, doy vueltas nervioso, y al fin, huyo.

Vuelvo a mi estepa, amada, a mi hielo y mi nieve, donde un gélido corazón hallara solaz,
Hubo luz en mis ojos, y sonrisa en tus labios, calor que el hielo de nuestro mundo fundió,
Supiste ver tras mis tristes relatos y gélidas palabras, y quiero pensar que de conocerte fui capaz,
Mas el tiempo, callado verdugo, nuestra hora marca en su dorado reloj, y todo se perdió.

Volveré a encontrarte, en otro páramo, bajo otras estrellas, cuando no me ciña la cadena del deber,
Volverás a encontrarme, con otras flores, bajo otro sol, cuando la distancia sea más propicia,
Quiero que todos los días, desde entonces hasta ahora, nuestra sonrisa, salude al amanecer,
Volveremos a encontrarnos, con la mirada y las palabras, y todo brillara de nuevo, Alicia, mi Alicia.
Nunca Adios, siempre hasta pronto. Volveremos a vernos.

miércoles, 21 de julio de 2010

Sumido en el silencio



Silencio.
Es amargo, dulce, calmado, tenso, emocionante y sobrecogedor. Tan difícil de romper cuando uno quiere respuestas…..y tan frágil que una simple palabra puede matarlo.
Silencio es mirar hacia dentro, buscar en tu alma, escuchar solo los latidos de tu corazón. En silencio es cuando uno puede hablar consigo mismo. Cuando la única respuesta viene de tu interior. Hay gente que canta en silencio, gente que llora en silencio, gente que ama en silencio, y gente que muere en silencio.
Dicen que es la ausencia de sonido. Que un silencio es un vacio….pero el silencio, a veces…te llena de preguntas, de matices, de sentimientos y emociones. ¿Qué vacio puede hacer eso?. Un silencio no está nunca vacio. Su interior siempre está lleno de ti. En el más absoluto silencio es cuando llenas el hueco que consideramos vacio con nuestra historia, con nuestros pensamientos, con nuestras reflexiones…Hay palabras vacías…promesas huecas…..pero no silencios.
Un silencio es sabio, porque nunca se equivoca. Si uno no va a decir algo más hermoso que el silencio, es mejor que no diga nada…. Un silencio no juzga, porque tan solo refleja tu propio juicio. Un silencio es amigo. De mis horas de silencio crecen las palabras de mis canciones, las frases de mis cuentos, y las flores de mis metáforas.
Pero al ser el silencio poco más que un espejo que nos refleja, un diario de bitácora, o una pausa para pensar…Nos arriesgamos a que las turbias hebras de nuestro pensamiento se retuerzan y formen trampas. Lazos y redes de arrastre que dragan los pantanos llenos de demonios de nuestro subconsciente. ¿Quién sabe qué ignotas y malignas bestias, qué terribles leviatanes, surgirán a la luz de nuestra mente?. ¿Sabe aquel que lo invoca lo que puede trepar desde los pelágicos abismos de su alma?. ¿Está dispuesto a pagar el precio del silencio?.
Al son del silencio baila el negro Behemoth del autodesprecio, repta la Arpía de la inseguridad, y medra la paralizante Hidra de la soledad. Siempre están ahí, moran con nosotros, forman parte de nuestro ser, pero solo cuando el volumen de nuestros pensamientos cae…salen a jugar con nuestra cordura. De la mano de un silencio pueden venir las lágrimas, la desdicha, el pesar, la duda y el miedo. El silencio puede ser cruel, duro e implacable.
Un silencio puede ser culpable, pero nunca El culpable. El silencio no sabe de causar daño, tan solo nos devuelve la mirada desde el otro lado, como una instantánea en la que el fotografiado clava sus ojos a la cámara. Para nuestro horror, muchas veces, nuestro reflejo es retorcido, sucio, ajado y pálido.
Y es que el silencio no miente.
Silencio es la única palabra que tiene más de mil letras.

martes, 20 de julio de 2010

Cancion para Alicia de los Lobos


En el páramo, bajo el crujiente y delicado sonido de miles de celestes flores de hielo que caen sobre la tundra, oigo una voz.
Me adentro en la oscuridad del bosque, siguiendo el rastro, leve como el correr de un tímido ratón, hasta que por fin, alcanzo la fuente de la melodía, el origen del triste susurro.
Estrecho la vista y observo. Apenas se la entrevé bajo una cortina de pesado terciopelo negro que ondea ante sus ojos, un velo de oscuridad, asfixiante y denso, enhebrado durante esas largas horas que el reloj tiene más allá de medianoche.

Es un velo efímero hecho de áspero humo de cigarrillo, del amargo ritmo de las agujas que repiquetean como óseos dedos sobre la tapa de un ataúd, del último trago de vino que se vuelve amargo en la boca, de añejas telarañas sobre fotos amarilleadas por el tiempo y promesas vacías cuyos ecos rebotan eternamente en los muros de un alma cansada. He sentido su abrazo muchas veces, y lo reconozco.

Barro la bruma con un gesto, y ahondo en la visión. Está sentada en una mecedora de oscura madera, construida con afiladas astillas de desdicha, y con cada balanceo, una viruta más de esperanza es robada por el codicioso trono. El balanceo es hipnótico, ligero, suave…y la acuna como la nana de una madre amante, así es como ella no nota el suave roce de la desesperanza. Una tragedia cotidiana, la muerte de las emociones, un cáncer del alma que no me es ajeno.
Miro más de cerca, y sonrío, amistoso. Sorprendido, observo que no hay ríos de plata que surquen los valles de su rostro, ni el negro espectro de la tristeza desbocada cubre su semblante….Hay gris y pulido acero, brillante, tras esos ojos, que en vez de enfocar al suelo, me devuelven la mirada con muda determinación.

Sonríe, su mirada riela como plateada luz de luna sobre un mar nocturno, desafiando y suplicando a un tiempo. Sus ojos de duro metal me hablan de hielo y sombras, de hogueras brillantes enterradas bajo la nieve tiempo ha, con ardientes rescoldos bajo la superficie. Pero no hay miedo en esa mirada, no, ni tristeza, solo cansancio. Habla, y su voz tiene un timbre radiante y fuerte, como la sinfonía de una espada que añora su olvidada vaina. Al sonido de su voz, el negro y duro hierro de mis venas vibra en sintonía con su canción de acero, y la calidez me inunda.

La invito a seguirme. Le aúllo apasionadas canciones de la helada estepa y el eterno mar, de cumbres nevadas y verdes valles, de esperanza y valor. Se levanta de su amargo trono, y me sigue al bosque. Hace mucho que devoré al conejo blanco que en mi habitaba…pero Alicia, cuyo nombre se infiltra en mi mente en ese instante, me acompaña hacia el paramo. Se suceden las canciones, se hacen pactos, le regalo mis recuerdos y a cambio recibo retazos de su historia, las horas pasan, y el tic-tac asesino calla, amedrentado. Por fin su oscuro velo cae bajo el peso de su sonrisa de luna, y, en un momento eterno, en una serena instantánea del infinito, ríe alborozada. Rio a mi vez, satisfecho.

Durante el viaje, Alicia me pide que le enseñe mi reino. Mis bosques nevados, mis valles verdes, y, ¿Por qué no?, también mis gélidos desiertos. Alicia no tiene miedo, y quiere verlo todo. Poco a poco, se lo voy mostrando, tremendamente halagado por su interés. Mientras ella vaga por mi estepa nevada, yo subo por las verdes colinas que ahora, con el velo de la noche caído y roto, amanecen ante mí. Brinco y salto juguetón, retozando entre las rosas de su alma. Alicia se fascina con el ulular nocturno del búho y el aullido del viento gris en mi noche. Baila alborozada, y sus pasos hollan delicados patrones de esperanza y luz sobre el paramo, hasta que se convierten en letras, las letras en palabras, las palabras en frases, y finalmente, se escribe en fulgurantes letras el libro de su vida. Deslumbrado, solo puedo leer una parte, pero me gusta lo que leo. Ella me pide que no pare de cantar, me dice que con mis canciones el gris acero se troca en brillante plata. Y yo me pregunto….¿Cómo podría dejar de hacerlo?, ¿cómo podría dejar en el silencio a mi Alicia de los lobos?.

Sonríe de nuevo para mí, Alicia, déjate bañar por ese rayo de sol. Hoy el viento trajo las musas a mi puerta….y esta canción…es para ti. Bienvenida seas a mi país de las maravillas.

sábado, 10 de julio de 2010

La invitacion (V) "Viernes y Hoy"



VIERNES
“Un mordisco y estas enganchado”, rie Pinky cuando le pide otro tipo de veneno, “Tu mismo, Free, amigo mío, tú mismo, puede que te venga bien hacer un VIAJE, y alguien con tu nombre, debería ser libre, Mr. Scott Free”, suelta otra risita nerviosa y afectada.
“Atate, bien fuerte, bien fuerte, hasta que fluya, eso es, eso es, más rápido, más alto…por favor, libérame, por favor, hazlas callar!”, piensa Scott inconexamente. Luego hay una ola de paz que le invade y….”que es lo que cuelga de mi brazo?”, parece un cruel mosquito hipertrofiado, con su aguijón de acero y su sangre en el cuerpo de cristal, el aire huele dulce, tiene los dedos negros y metal ennegrecido, oleoso y caliente en la otra mano….”no puedo escapar, no puedo escapar”….el parasito le mira, y bate sus alas, frotándolas, está vivo, y le mira, le está mirando!….”no puedo escapar…aun las oigo”….Ven…ven (NO PUEDO ESCAPAR)


HOY
La nevada se hace más intensa, no puede más, el abismo se alza ante el….Relámpagos índigo rasgan el cielo, sus dedos arden de puro frio, la escarcha cubre la barandilla y le zarandea como a un muñeco, el agua se arremolina bajo sus pies…..hay un abismo blanco bajo las aguas, las arañas se lo dijeron, el mosquito de cristal se lo susurro, las voces se lo han contado…todo es blanco, puro, cegador….La muerte del color…sonido de desgarro…Ven…ven…LA DAMA TE ESPERA….(SALTO).

La Invitacion (IV) "Miercoles y jueves"


MIERCOLES
El día pasa entre una bruma nebulosa, Scott ha dormido en el Ford, no sabe como llego hasta allí, se siente febril y cansado, despierta hacia el atardecer, y oye esas campanillas, ese canto de sirena de fondo en todas las conversaciones…debe ahogarlo como sea, es como una molestia perpetua, como una herida abierta, tiene que pararlo, así que vuelve al club…..
Hay susurros en la noche, superponiéndose a las conversaciones, ese sutil cambio de voz, ese comentario casual, todos los ojos le miran… la camarera le ha dicho fóllame, luego ha dicho que se beberá su sangre, con esa voz de cristales rotos y luego solo le miraba, esperando el cambio, confusa, tiene los ojos verdes, tiene las pupilas verticales, tiene….”ahora no estoy dormido!”.....Ven, ven, (ME ESTOY VOLVIENDO LOCO?)


JUEVES
No tienen ojos, y sus bocas están cosidas con hilo de pescar, labios fruncidos y sangrantes, les han metido clavos de ataúd por los oídos y sale sangre de los orificios, no veas el mal, no oigas el mal, no hables del mal, ya no pueden ayudarle….. su piel es del color del papel, y rezuman….. los ve…..lleva todo el día viéndolos….de pie junto a su cama, bajo las escaleras…todos visten igual, gabardinas grises raídas y deshilachadas, miran desde lo alto, en los alfeizares de las ventanas, en los balcones, como tristes gárgolas muertas…..no tienen ojos, pero le siguen con la mirada…le acechan, le juzgan, y parecen tristes…su amo está muerto, le aman pero no pueden ayudarle, ya no pueden sentir…los nexos se han roto…Ven…ven…..(YA NO PUEDEN PROTEGERME)
Los sueños se han vuelto más vividos, tanto que se confunden con la realidad, pasa el día en una duermevela hipnótica, atroz, temiendo dormir, solo oye la insistente voz que le llama, como campanillas y cascabeles enterrados y puede ver a los silenciosos vigilantes de ojos muertos en todas partes, a todas horas….
Finalmente, desesperado por no dormir, pide ayuda, enloquecido. “Pinky tiene lo que necesitas, nene”, canturrea el camello de piel achocolatada y ojos nerviosos mientras le da su parte de las ganancias, y ve como las suyas se esfuman por una medida absurdamente pequeña de cocaína. Pasa esa noche “comiendo techo”, arañas blancas se cuelan por las grietas del hormigón, son las mismas arañas que lleva todo el día esnifando, aun nota sus patitas puntiagudas en las fosas nasales, en las encías, su sabor amargo en el fondo de la lengua…, sabe que le miran, le miran y esperan, si se duerme descenderán por hilos de plata para susurrarle secretos que no quiere saber…Ven, ven….(ESTO NO ESTA PASANDO, POR FAVOR, POR FAVOR, QUE ESTO NO ESTE PASANDO…)


La invitacion (III) "Martes"


MARTES
Voces en la cabeza, prometiendo, amenazando, susurrando, invitando, lamentando, (NO ESTAIS AHÍ), el vaso de bourbon tiembla en su mano, (NO ESTAIS AHÍ), ni siquiera siente el alcohol bajando por su garganta, “estoy durmiendo?” (NO ESTAIS AHÍ), siguen insistiendo, no se callan, ya no puede dormir, ya no puede dormir, “ella vendrá…., me dirá que la mire, y no quiero hacerlo!, tengo miedo”, su mano se crispa y el vaso explota, afiladas hojas de cristal brotan de ella, y se mezclan con las lagrimas rojas que vierte su cuerpo, pero “no siento nada”, …..Ven…ven…(ESTAN AHI)
Le despierta el atronador rugido de un martillo neumático. Por lo visto alguien ha decidido que es un buen momento para hacer un agujero en la calle, Scott se da cuenta de que ha dormido en el asiento de atrás.
-“Jodido perdedor….lo echaste todo a perder, ríe para sus adentros, bueno, esta noche volveremos a intentarlo….”
El resto del día pasa en una bruma aturdida por la resaca, vendiendo y trapicheando, casi no se preocupa del sueño, después de todo, siempre ha tenido sueños extraños, terribles pesadillas de fiebre, donde algo húmedo y frio se arrastra hacia él para devorarlo, son solo malos sueños, después de todo, no?, nada que un hombre adulto deba temer, verdad? Verdad.
Esa noche vuelve al mismo club, pero la camarera no está. En su lugar hay un tipo que parece el primo hermano del portero del hotel, tanto se asemejan que Scott lo mira con suspicacia un buen rato, preguntándose si no será el mismo tipo, haciéndole una especie de seguimiento. El tipo también tiene el mismo amor por el trabajo que su doble, y se dedica a vagabundear de lado a lado de la barra, pero le sirve el bourbon, y eso basta.
Mientras va recorriendo las oscuras calles, muy borracho de camino a su refugio sobre ruedas, se da cuenta de que se ha quedado a oscuras, al parecer una de las farolas se ha apagado. Vuelve la vista atrás, tratando de mantener el equilibrio, y ve que todas las luces se han apagado justo detrás de él…..todas ellas. Se da la vuelta y observa, intrigado. Al principio no ocurre nada, luego las farolas empiezan a destellar intermitentemente, a intervalos, como siguiendo un patrón de algún tipo de código morse críptico y siniestro. Scott retrocede andando hacia atrás, y ve como las farolas encendidas que rebasa se van apagando a su paso, por fin echa a correr, dejando atrás la asfixiante oscuridad, y se para a tomar resuello junto a una cabina telefónica. Justo cuando esta recuperándose, suena un potente timbrazo que le hace dar un vuelco al corazón. BRRRRRIIIIIIINNNNGGG, BRRRRRRIIIINNNNGGG, suena insistentemente. Scott se acerca cautelosamente, con curiosidad, lo observa mientras sigue sonando, mira alrededor, y por fin, llevado por un impulso, descuelga el pesado auricular. Sintiéndose idiota, solo oye el sonido de la línea….suelta un bufido y justo cuando va a colgar, lo oye…
-Mary?- La voz suena cascada, como de cuerdas vocales quemadas y retorcidas por el tabaco y el alcohol de décadas, también tiene un tinte entre suplicante y amenazante…
Scott se queda mudo, no dice nada, y escucha…
-Mary?.....soy yo, pequeña puta descarada!!, creías que te ibas a escapar?, creías que no se lo que haces?, eh?, pues lo SE!!, te he visto, maldita zorra, te he visto con él!!-Scott casi puede oler el acre hedor del alcohol que emana de la voz…
-Quien eres?-pregunta Scott-aquí no hay ninguna Mary, tío, te has equivocado!
-Por eso cogí el cuchillo de la cocina, Mary, cuando os vi ahí…cuando le vi tocándote…algo hizo CLIC! En mi cabeza….., y le dibuje una sonrisa en el cuello, no te pareció gracioso, nena?, no te pareció jodidamente divertido?-a esto le sigue una carcajada histérica, una risotada brutal que hiela la sangre por su absoluta falta de cordura…hasta que rompe en un llanto desconsolado y atroz….
Scott quiere colgar, pero no puede, ha oído algo en la voz, algún matiz olvidado en su subconsciente, le conoce?, me conoce??, un escalofrío le recorre la columna vertebral y sigue escuchando hipnotizado.
-Yo…yo no quería hacerlo, Mary, pero cuando me llamaste aquello…bueno, Mary, un hombre tiene sus límites, si, vaya que si…. Así que tuve que castigarte….por eso te di todas esas puñaladas, y la cama se volvió de color rojo, y estaba toda esa sangre…. Oh, si……-la voz se va apagando, poco a poco.
Scott acerca la oreja y afina el oído, intentando captar algo que se oye de fondo, parece que es la respiración trabajosa del hombre….
-Y ELLOS ESTABAN AHÍ, MARY!!, MIRANDOME SIN MIRAR, OYENDO SIN OIR!!, JUZGANDOME, MARY, JUZGANDOME!!!-El grito hace que Scott salte hacia atrás, dejando caer el auricular……
Cuando está retrocediendo, asustado, y notando la bilis subiéndole por la garganta, Scott oye la última frase….
-Aquí hace frio, mucho frio…..te quiero, Mary.
El teléfono sigue balanceándose mientras Scott emprende una loca carrera que le lleva, tambaleándose y tropezando, cayendo sobre la nieve sucia, hacia un dulce olvido…lo último que oye es esa voz aterciopelada cantando en el viento…Ven…ven….como una promesa, o una amenaza…(TODO ME DA VUELTAS, POR FAVOR, HAZ QUE PARE, HAZ QUE PARE!!)

La invitacion (II) "Lunes"


LUNES
Los ojos color índigo brillante acechan desde la esquina de la habitación, la mujer está ahí, cubierta con su espectral vestido blanco, ”NO PUEDO MOVERME”. Ella se acerca sin mover los blanquecinos y demacrados pies, se desliza sobre el linóleo en parpadeos inconstantes, como los saltos de un DVD rayado, “NO PUEDO MOVERME!”. Se tambalea ebriamente, como alguien que flota en una densa fosa séptica “JODER, NO PUEDO MOVERME!!”. Casi repentinamente.…está a dos dedos de su cama “DIOS MIO, DIOS MIO, NO PUEDO MOVERME!!”, entonces ella levanta una escuálida y pálida mano, la apoya sobre su antebrazo y susurra, con una voz áspera como cristales rotos una única palabra…..MIRAME…, la mira, incapaz de hacer nada mas, y el tétrico fulgor azulado le paraliza totalmente. Ella vuelve a hablar desde sus fríos y muertos labios…. Ven….ven….(DIOS, JESUS, Y TODOS LOS SANTOS, NO, NO, NO).

Scott se despierta empapado en sudor frio, aullando como un animal acorralado, todas las venas y tendones de su cuello y cabeza parecen a punto de estallar…..Poco a poco, el sueño va dando paso a la vigilia, y va tomando conciencia de donde esta…ve el papel pintado sucio y astroso de la pared, el linóleo barato desgastado y podrido que cubre el suelo, y empieza a recordar.
La habitación del hotel es sucia y maloliente. Apenas un ataúd de tres por tres metros con un desvencijado catre militar de metal, una mesa de contrachapado cubierta de quemaduras de cigarrillo y un gancho en la pared, que hace las veces de armario. La ventana, con los cristales rotos tapados desmañadamente con plásticos y cinta de embalar, tiene una persiana con los travesaños de madera hinchados y podridos por la humedad, que deja pasar la avara luz solar de la mañana. Sobre el duro colchón, que apesta a orines y a cosas peores, hay una manta del ejercito con agujeros de polillas. Scott da una mirada en derredor, y tira de una pequeña cadena que pende del techo. La bombilla barata, colgando de un precario cable eléctrico amarillento, ilumina el pequeño nicho, que aun parece retumbar con los ecos de su agitado despertar.
Ahora puede oír el zumbido de la “calefacción”, por el que el cerdo repugnante con forma humana que regenta este antro le ha cobrado 8 dólares más la hora. Apenas es un zumbido bajo, tosigoso, que llega a través de una rejilla de ventilación en la cual anida una parda colonia de moho. La habitación esta helada, y su respiración es visible en pequeñas nubes de vapor. Otro ruido atrae su atención. Al parecer la cinta de embalar, totalmente empapada, se ha desprendido del plástico, y una de sus puntas aletea patéticamente, como una corneja atrapada en una trampa, dejando pasar el frio aire matinal. Buena forma de empezar la mañana.
Aturdido, trata de sentarse en la cama, e inmediatamente un sordo dolor invade sus sienes con virulencia.
-“Oh, Dios, anoche debió ser una de las gordas” - piensa dolorido.
-“Donde demonios estoy?”- inmediatamente después.
Se aclara los ojos con el dorso de la mano, y echa una ojeada al deprimente lugar, el papel de las paredes está cubierto de pintadas y manchas, con números de teléfono que anuncian prostitutas, gente que lo hace gratis, e incluso (le causa hilaridad), un anuncio de venta de un piso. Sobre la estropeada mesa, hay una Biblia con la mitad de las páginas arrancadas, la hojea curioso, y descubre que alguien se ha dedicado a escribir obscenidades en todas y cada una de las paginas restantes con un rabioso rotulador rojo.
-“Genial, ahora ya sé que no puedo caer más bajo” – se dice a sí mismo, pero entonces recuerda la dura voz de Miss Hollister, hablando desde sus recuerdos…“El infierno no tiene planta baja, muchachito, recuérdalo bien”.
Scott sonríe con desgana y se incorpora, se rasca la descuidada barba de dos días y recupera sus botas de bajo las patas de la cama, levantándola, un viejo truco de albergue para mendigos. No es muy probable que le roben en un antro asi, no con la silla apoyada contra el picaporte de la puerta (otro habito de juventud), pero las viejas costumbres tardan en morir.
Vence la mareante sensación de cansancio que le invade, y renuncia a echarse otra vez en el colchón, después de hacer un rápido calculo mental de sus reservas monetarias, decide que no puede permitírselo, así que se viste rápidamente para evitar el frio. Tejanos, camiseta gris interior y una camisa azul con manchas de vomito y sangre, que oculta con la vieja cazadora de aviador, gastada como si hubiera pertenecido a algún piloto de Messerschmitt de la segunda guerra mundial, por último, cubre sus helados pies con las duras botas militares, y, apartando la silla, sale de la habitación al pasillo, justo a tiempo de ver una rolliza rata escabullirse pesadamente.
Recorre quince metros de pasillo festoneado de nichos semejantes al suyo, mientras escucha como si no hubiera pared las diversas actividades que se desarrollan en su interior. En uno hay una radio que no sintoniza bien, lanza ruidos parásitos y vomita de vez en cuando interferencias, mezcladas con una sincopada canción de los Rolling Stones, “Paint it black”, piensa distraídamente Scott. En otro de los nichos se oye un siniestro crujido de muelles, que con cada embestida parecen advertir desesperadamente que van a partirse, subrayado por sonidos húmedos y susurros entrecortados. Una discusión a grito pelado entre borrachos interrumpe y cubre el sonido de intimidad, con el ruido de botellas rotas chocando contra la pared. Por fin alcanza el aseo, y se lava la cara con el agua del grifo tiritando. El polvoriento espejo le devuelve la imagen de un joven en la veintena, alto y de espaldas cargadas, con un rostro agradable, aunque con un repunte de tristeza en los enrojecidos ojos, como si hubieran visto demasiado. Una áspera barba desmañada de color negro, como sus desordenados cabellos, le cubre el rostro, que posee cierto aire de decisión circunspecta, incluso de nobleza o arrogancia.
-“Estoy hecho un desastre, joder”- suspira y decide bajar a liquidar la cuenta del antro y a intentar desayunar, puede que el día no esté perdido, después de todo….
Notando como se reactivan sus dormidos músculos, Scott baja las escaleras de dos en dos, poniendo cuidado en no tropezar en los combados escalones, y llega hasta la recepción, donde una obesa y calva parodia de hombre enfundada en una estridente camisa hawaiiana hojea una revista pornográfica con los bordes acartonados. Se dirige directamente a él y le interpela:
-Que se debe por aquí, jefe?- mientras echa mano a la cartera.
El gordo, saliendo de su lubrico ensimismamiento, baja un momento la revista y le mira con sus porcinos ojillos, luego señala con un dedo rechoncho manchado de nicotina un cartelito pegado al cristal, apuntando a donde pone: HABITACION CON CALEFACCION, NOCHE COMPLETA 40 DOLARES. Scott ve un cigarrillo consumiéndose en un abarrotado cenicero tras el cristal de protección en el que se refugia, el cual parece convertir en una especie de mini-cámara de gas el reducto del portero. Suspira deseando que fuera gas cianido lo que sale del cenicero mientras se rasca el bolsillo.
Sale a la calle, y el frio aire le da la bienvenida, terminando de despertarlo y alejando el hedor del hotel de su nariz, anoche nevó con fuerza, y la calle está cubierta de nieve sucia, arrastrada por los pies de los peatones y esparcida por las ruedas embarradas de los coches. Deambula entre la multitud, encaminándose hasta una caseta blanca situada junto a una obra, donde hay varios obreros reunidos y de la que emana un delicioso aroma a café.

Paga el dólar y medio que le piden por un café largo con mucho azúcar, y enciende un cigarrillo, aspirando el humo con ansiedad. Más tranquilo, y plenamente despierto, examina su situación. Le quedan menos de 30 pavos en el bolsillo, pero, si hoy tiene suerte, podrá vender algo y recuperar lo suficiente para comer y pasar la noche, después de todo, no tiene que ver a Pinky hasta el viernes, por lo menos, y aun le queda bastante material en el maletero del Ford. Termina el café y el cigarrillo, y se encamina hacia el coche.

El resto de la mañana la pasa vendiendo el tabaco de contrabando de obra en obra, y haciendo algún que otro trapicheo con hierba para los clientes habituales, smoky jay, willy el gato…, el día se le da bastante bien, ha conseguido sacar un buen pico, aun descontando la parte de Pinky y se premia almorzando una buena hamburguesa en un Wendy’s con una cerveza y pastel de manzana. Cuando empieza a oscurecer, aparca el coche en un aparcamiento público, y decide que ahí será donde pasara la noche.
-No me vendría mal una copa, la verdad-su voz suena hueca en el aparcamiento, y así, sus pasos le encaminan hacia un bar.
El bar es un antro llamado Deuce Club, con algunas Harley-Davidson aparcadas en la puerta y una bandera confederada ondeando bajo la nevada, que empieza de nuevo a arreciar tras un día de tregua. En el bar hay pocos clientes, están cuatro moteros, que parecen tener toda la pinta de ser del famoso “dos por ciento”, por sus tatuajes carcelarios y las hoscas miradas que le echan mientras apuran sus Bud. También hay un par de hombres con mono de mecánico grasiento sentados en la barra, y uno de esos individuos que nunca faltan en ningún bar de verdad, borracho hasta las cejas mientras babea sobre la barra de madera.
Tras la barra hay una camarera que, de no ser por su patético aire de somnolencia, podría ser bonita. Lleva el rubio pelo largo, recogido en una trenza, y un tatuaje con una rosa le cubre el hombro izquierdo. Scott sonríe mientras se sienta en un taburete de la barra.
-Hola encanto, ponme algo para calentarme, que hace una noche de perros ahí fuera.
La camarera, lánguida y aburrida, responde.
-Que quieres?
-Me gustaría tu teléfono, estoy seguro de que tu sí sabrías quitarme el frio, pero me conformare con un bourbon…-le guiña un ojo.
Desdeñosamente, la mujer resopla y va al estante a buscar una botella de Wild Turkey, no sin que Scott pueda observar que la camarera le echa una mirada furtiva, calculadora…
-“No has perdido el toque, Scott, viejo amigo, si te lo haces bien, igual puedes pasar esta noche en una acogedora cama en compañía de esta tipa en vez de volver al puñetero coche…”.
Por fin ella le sirve una medida doble de bourbon en un vaso con hielo, inclinándose quizás un poco más de lo necesario para ello, y dándole una buena perspectiva de su flamante escote.
Scott bebe en silencio, observando de vez en cuando a la camarera, mientras deja su mente vagar por sus recuerdos.

Entornando los ojos mientras escucha la voz cascada de Johnny Cash cantando “Streets of Laredo”, Scott recuerda el Accidente, el Orfanato de King’s Corner, con la pétrea y digna Miss Hollister al frente, las muchas escapadas por todo el estado, hasta que el gobierno decidió que ya no valía la pena buscarle, los días duros de autostop y robar electrodomésticos en pisos, los tiempos en que estuvo trabajando en la construcción de la interestatal I-36 y la camaradería con los obreros de la construcción, Spanky, Williamson, tanta gente buena, y luego el despido repentino, la huelga y la carga policial donde le dejaron esa fea cicatriz en la espalda….Sally con su vestido rojo, tan ceñido como una segunda piel, bordeando su cuerpo de atleta…..Sally…
Paso el resto de la noche bebiendo, y al final no durmió en una cama, sino en el destartalado Ford, mientras rumiaba para sí y canturreaba ebrio una canción…..”Long Tall Sally”, y una lagrima solitaria rodaba tristemente por su mejilla.

La invitacion (I) "Hoy"



“You know the day destroys the night Night divides the day Tried to run Tried to hide Break on through to the other side Break on through to the other side Break on through to the other side, yeah!”
Break on through to the other side, The Doors.

HOY
El viejo Ford gris boquea y expira, asfixiado…., los limpia-parabrisas aun se mueven, como los estertores de un pez fuera del agua, batiendo inútilmente el cristal empañado. Un humo acre y aceitoso se cuela por las rejillas de ventilación, el tubo de escape está bloqueado, el radiador ha muerto, la calefacción esta quemándose lentamente, sin llama….sería tan fácil…dormir….pero no puede, no así, aún no.
El hombre, aterido por el glacial frio, baja de la inútil maquina, dejándola abandonada en la carretera sin nombre para que un blanco túmulo de nieve la cubra en su fría mortaja. Hay decisión en sus ojos grises, pero también dolor y un destello febril que guía sus pasos por la blanda alfombra embarrada del arcen.
El cielo parece un colchón sucio, gris y manchado, con rasgaduras en su tela, que dejan ver jirones en forma de nubes. Tensas virutas de este cielo roto caen sobre su cuerpo en fríos cristales, y le devuelven a la realidad por un instante, apartándole de su oscuro mundo interior. Arropándose en su vieja cazadora de cuero, deja ir la vista hacia atrás, observando los caminos muertos hace horas, con el pálido color de un cadáver desangrado, cubierto de las curvas heridas color de barro de las rodadas de su coche. Suspira y se estremece, tuerce el gesto, y sigue adelante, hacia su objetivo.
Por fin, entre los copos de la ventisca que arrecia, ve las primeras cuerdas de acero que sostienen la estructura de oscuro metal, hay una vieja señal de plástico clavada sobresaliendo apenas de la nieve, donde solo se puede leer la ominosa palabra CONDENADO. “Muy adecuado”, piensa el irónicamente mientras pasa de largo la señal, hollando pesadamente la nieve que cubre el puente, “jodidamente adecuado, de hecho”. Este pensamiento está a punto de arrancarle una amarga risa, pero entonces llega hasta la pasarela, y abandona todo otro pensamiento.
Trabajosamente pasa por encima de la pasarela, tomando mucho cuidado en no resbalar. “Ahora no es el momento, aun no”, piensa decididamente, sus manos se agarran con fuerza al borde, y por fin, consigue ponerse al otro lado, con las punteras mojadas de sus botas suspendidas en el vacío, y agarrado con los brazos en cruz a la pasarela. Se obliga a mirar, y ve la turbia y arremolinada corriente de agua negruzca, que fluye con fuerza unos cincuenta metros más abajo. Una dura sensación de vértigo le alcanza, y de pronto es consciente del fuerte viento a su alrededor, de los rechinantes crujidos del viejo puente oxidado, de la precariedad de la pasarela donde está sujeto….a pesar del glacial frio, suda profusamente bajo la apretada chaqueta de cuero, su cuerpo se resiste a lo que la mente le pide.
No hay un alma en kilómetros a la redonda, se ha asegurado de ello, aun puede pensar con claridad de vez en cuando, y de todas formas es un plan sencillo. La decisión se apodera de él una vez más, y balancea su peso sobre los talones hacia delante, convirtiéndose en un extraño mascaron de proa vivo y cálido contra el congelado puente, su último barco, piensa de forma extraña. La tormenta ruge y aprueba, y bajo el estruendo de la cellisca y los copos afilados que amargamente le hieren el rostro….ahí esta….Ven a mí….ven…. “NO PUEDO SOPORTARLO, NO PUEDO SOPORTARLO, NO PUEDO SOPORTARLO!! CALLATE!!” Cierra los ojos y la dulce voz sigue ahí….

miércoles, 14 de abril de 2010

"Sueño de una noche de invierno II : El Viejo y la Ninfa"


Mientras el lobo aguardaba sobre las árticas nieves su ansiado regreso al reino del amor, oscuras tormentas se cernían sobre éste, borrando el apacible azul de sus cielos….y haciendo penetrar las tinieblas en sus habitantes.
Ajena a todo ésto, no obstante, existía una deliciosa criatura, una Ninfa, la hubieran llamado los griegos. Espíritu de la madre tierra, inocente y sabia, esta ninfa era de entre las demás una de las más bellas. Coronaban su hermosa frente dos pequeños cuernecitos graciosos, y sus piernas eran firmes y delicados cuartos traseros caprinos, de un color tostado delicioso, como hechos de chocolate.
Esta Ninfa, era una amante de las rimas, y había recorrido la arboleda arriba y abajo, de izquierda a derecha, buceando entre sus miríada de poemas y versos buscando la Verdad, una verdad con mayúsculas, ineludible y brillante. Sin embargo, entre los miles de troncos grabados del bosque del consejo, no halló aquello que buscaba fervientemente. Asi pues, la Ninfa, languidecía triste, pues la sabiduría del reino no era bastante para ella, y ansiaba ayudar a sus hermanos duendes y princesas.
Cavilaba y cavilaba….estrujándose la cabeza y retorciéndose los cuernecitos….sin saber qué hacer, hasta que, una noche, sus amigas musas la visitaron, y en el curso de una agradable cena de queso añejo y dulce miel de caña, mientras bebían té de menta y pastas en la sobremesa, estas le susurraron:
-La sabiduría que buscas, Ninfa, esta mas allá de los verdes prados, mas allá de los hondos lagos…tras las puertas doradas del reino del amor…
La Ninfa, preocupada, frunció su naricilla con preocupación….
-Pero eso son las estepas heladas!, allí hace frío, y se me congelaran las patas, además, en esas colinas perdidas no hay árboles donde uno pueda escribir rimas….de donde surgirá pues la sabiduría?-pregunto la Ninfa-
Las musas, sonriendo con paciencia contestaron:
-Antes del reino del amor, ya existía esta brillante emoción, y agitaba los corazones de los hombres y las hadas por igual…la sabiduría no se encuentra tan solo tallada en los troncos de los arboles, mi niña…también puede haber sido grabada en piedra, susurrada por la nieve, o transmitida de boca en boca por aquellos que moran tras estos muros…El amor y su sabiduría no es patrimonio único de este reino. Si buscas una verdad mayor, debes viajar y encontrarla por ti misma.

Entonces la Ninfa se levantó decidida, agradeció a las musas su buen consejo, y fue a prepararse para el largo viaje que le esperaba. Tomó su arco de fresno, sus flechas encantadas, y una gruesa pelliza para protegerse del frio, y al alba, cruzó las puertas encantadas, veloz como el rayo mientras en su mente cantaban promesas de verdad y gloria.

-“Mis hermanos y hermanas agradecerán mi valentía al salir en busca de la verdad, sin duda”-sonreía para sí-
Al salir por la puerta dorada, la Ninfa se sorprendió mucho al encontrar a un lobo blanco sentado ante ella, el cual miraba triste al dintel. Y, apiadándose de él, le pregunto:
-Que te ocurre, hermano lobo, que muestras desdicha en tu mirada?, por qué no entras en el reino del amor a solazarte con su sabiduría y correr sobre la hierba de primavera?
El lobo, bajando la mirada le contestó:
-No puedo volver aun, hermosa criatura, he sido exiliado del reino del amor por el injusto edicto de una juez…y aquí debo esperar hasta poder volver a componer mis rimas…mas….por qué abandonas tú el reino del amor?, puedo ver la luz del verano en tus ojos, así que no has sido maldita con el destierro, dime pues, por qué?
La ninfa, orgullosa de su justa causa, sonrió y contesto al lobo:
-Voy a viajar más allá de las estepas nevadas, hasta encontrar sabiduría con la que renovar las rimas del bosque del consejo. Las musas me inspiraron que en esta bárbara extensión, moran y se hallan consejos, que no por antiguos, dejan de ser ciertos. Tal es mi propósito y mi búsqueda.
A lo que el lobo le contestó:
-Ve pues en paz, hermana Ninfa, holla ágil con tus pezuñas la nieve y los dioses quieran que encuentres lo que buscas, así como yo lo deseo, tu causa es noble y justa, parte pues con mi bendición.

Con una inclinación de cabeza, la Ninfa brinco ágilmente sobre el lobo, levantando polvo de nieve y haciéndolo estornudar. Mientras se alejaba por el horizonte, el lobo podía oir sus cantarinas risas, y sonreía para sus adentros, confortado por el roce efímero del reino del amor que poblaba en el corazón de la Ninfa. Después volvió a su paciente vigilancia, y a sus pensamientos.
Durante muchas jornadas, la Ninfa viajo y viajo, busco y busco…incansablemente por la blanca estepa. Durante el día corría y brincaba sobre la brillante superficie, alegre y despreocupada. Pero las noches eran terriblemente frías y albergaban cosas oscuras. Más allá de las luces de su magra hoguera, se vislumbraban sombras y pesadillas…entes oscuros de tristeza y odio…que le susurraban secretos siniestros mientras dormía.

Pese a todo, la Ninfa prevaleció ante estos seres, llegando incluso a hacer uso de sus flechas encantadas para dispersarlos. Pues aunque en las blancas estepas había piedras grabadas con rimas, estas eran inexactas, incorrectas, y no se ajustaban a la Verdad que ella buscaba. Así su viaje se hizo mucho mas largo de lo que pensaba, y la fría nieve que pisaba dia tras dia empezó a infiltrarse en su tostado pelaje, como pequeñas hebras de escarcha.

Por fin, hastiada y cansada de las noches de pesadilla y los días de caminata, una noche de tormenta, la Ninfa entrevió entre la cellisca una cueva lejana, en la falda de una montaña nevada. Alli se dirigió arrebujándose en su pelliza, y se refugio en la pequeña hendidura. Se hallaba preparando su hoguera, muy ocupada, cuando de repente, con un sobresalto, descubrió que no se hallaba sola!.

Tras ella, en la cueva, había un hombre anciano, sentado sobre una piedra y vestido con una túnica de un irisado turquesa marino. Su rostro había sido esculpido con el paso de los años y los elementos hasta parecer un suave pergamino de cuero. Tenía la frente despejada, y una nevada barbita corta de nazareno. Sin embargo, no denotaba seriedad, ni acaso fiereza, sino una especie de serenidad solo rota por ráfagas de regocijo, como si se riera de una cósmica broma solo por él comprendida.
La Ninfa, demudada por la aparición (juraría que no estaba ahí hace un segundo), inquirió al viejo:
-Dis..disculpe, buen hombre, no le había visto al entrar, es por ventura esta cueva suya?, le ruego me perdone si le he molestado…
El viejo solo sonrió, alegre como un niño, y dijo con voz profunda y amable:
-La cueva no pertenece a nadie, no mas al menos que el viento y el mar, sin embargo, como extensión de la madre tierra, cobija a sus hijos en su regazo para protegerlos de la mordedura del frio..que te trae por aquí, Ninfa?, parece que has realizado un largo viaje..
-Asi es, -contesto la Ninfa-, vengo del reino del amor en busca de la Verdad, pues necesito sabiduría mas allá de la recogida en las rimas del bosque del consejo. Por ello he buscado durante muchas lunas, vagando de aquí para allá, sin encontrar mas que medias verdades, y vulgares copias que se desvanecen con solo tocarlas con un dedo…Estoy a punto de desistir de mi empeño, pero tengo la esperanza de encontrar algo que ilumine mi búsqueda.
Entonces el viejo se meso la barba con su mano derecha mientras sonreía y le brillaban los ojos…
-He aquí que has tenido suerte, ninfa, pues soy conocido entre los hombres como un Alquimista de renombre, y quizás yo pueda ayudarte en tu búsqueda.
Dubitativa, la Ninfa contesto:
-Pero los alquimistas solo buscan la inmortalidad…y cambiar el plomo en oro, no es asi?, al menos asi lo recogen las leyendas…
El Alquimista rio alegremente, una carcajada cascabelina, hermosa, como una lluvia de verano, y dijo:
-Prefiero trocar desdicha en sonrisas y alcanzar la inmortalidad por mis buenas obras que aferrarme a quimeras que no pueden alcanzarse, Ninfa. Escúchame esta noche, y hallaras la Verdad que buscas, quizás no toda, quizás demasiada. En mis palabras viven los espiritus de muchos sabios, cuyas rimas hace tiempo aprendi, y ahora te transmitiré a ti. No podras escribirlas en tus rollos de corteza, como imagino que pretendes….no, eso es demasiado fácil. La Verdad que buscas se graba lentamente en el corazón con palabras, y asi yo seré el cincel que en ti obre.
Pasaron la noche hablando ante la hoguera. Una noche que podía haber durado un dia o mil años, tanto y tantas cosas fueron las que se dijeron.
Por fin, tras un merecido reposo, la Ninfa despertó ante las puertas del reino del amor. No sabía cómo había llegado hasta allí, solo pudo suponer que el Alquimista, valiéndose de la magia de sus rimas y sus canciones, la había transportado en sueños hasta allí. Paso junto al lobo, que aun seguía allí, hierático en su postura, y le saludo con una inclinación de cabeza. El lobo no respondía, su mirada adusta, fija en la puerta, pero justo cuando lo sobrepaso, una gran bola de nieve le golpeo en la espalda, derribándola. Cuando quiso darse la vuelta, vio al lobo revolcándose en la nieve, mientras se reía juguetón con la lengua fuera. Sonrió y dijo:
-Vaya con el lobo que todas las devuelve…-y rio dichosa- espero verte pronto tras las puertas-corazón!!, - con esto, se despidió acompañada por los bufidos de risa del lobo.

Por fin traspaso las puertas, agradeciendo el calor que recorría su cuerpo, y recorrió brincando los prados hasta llegar al bosque del consejo. Allí hallo un anciano y hermoso roble, y cogiendo su cincel, copio las palabras que el Alquimista había cincelado en su corazón, letra por letra, hasta componer una bella sinfonía, que fue del gusto de muchísimas hadas y duendes…pero no de todas….

En otra parte del reino del amor, la juez reía las gracias de la princesita y su corte mientras el resto de duendes asistían aburridos a la enésima vez que estos hacían cabriolas y absurdos juegos. Ninguno de ellos, sin embargo, se atrevía a alzar la voz, pues reconocían el duro brillo de la estepa nevada tras los ojos de la juez, y la promesa del frio tras el manto multicolor que vestía. Así pues, callaban, ahogaban bostezos, y trataban de mirar para otro lado.
En un momento dado, no obstante, un coro de risas y exclamaciones de asombro hizo que la concurrencia se diera la vuelta mientras el bufón hacia un complicado numero de malabarismos con muchas tazas llenas de te. Esto hizo que perdiera la atención, y fueron a caer sobre la princesita y la juez, las cuales, enojadas, reprendieron al bufón, que se arrastro sobre su panza de forma gusanil suplicando perdón.

Tras el inicial enfado, la juez fue a ver que causaba tal conmoción, y por fin vio una muchedumbre reunida alrededor del roble que había tallado la Ninfa. Esta estaba muy contenta de poder transmitir las sabias palabras del Alquimista a las gentes del reino, y reposaba feliz sobre una piedra mientras hacía sonar de su flauta dulce música.
El ruin corazón de la juez, no obstante, se inflamaba de odio y de envidia cuando vio tanta gente alrededor de la Ninfa, y rápidamente pensó un cruel plan con el que destruir su alegría. Se dirigió hacia ella mientras sonreía cínicamente, e irguiéndose con majestad imperial en todo su poder, dijo:
-Has de saber, Ninfa ignorante, que las leyes del reino prohíben que cualquier rima externa sea expuesta en sus árboles, si no puedes describir el camino por el cual llegaste hasta ellas. Así pues, dime cuales son esos caminos, o me vere forzada a castigarte!.
La Ninfa, cabizbaja, susurró :
-No puedo describirte esos caminos, Oh, Juez, porque no copie las palabras de algún hito perdido en la estepa blanca, sino que el propio Alquimista las grabó en mi corazón, y asi, de su boca a mi corazón, y de mi corazón al roble, han sido transmitidas, tal es el camino. Si es mi destino el destierro, lo acogeré con valentía, mas las leyes del reino nada indican en este sentido…

La lógica de la Ninfa puso aun mas furiosa a la Juez, que se sabia observada por su pueblo, y poco a poco notaba las sonrisas irónicas de hadas y duendes…Humillada, y dándose cuenta de que se había descubierto a si misma actuando por impulso, decidió cortar por lo sano, y elevando su voz hacia los cielos, clamó :
-No, no será tu castigo el destierro, Ninfa, pues no causaría pesar en tu corazón –dijo con una voz como de cristales rotos-
Retorciendo las manos en complicados gestos, la Juez exclamó :
-La muerte de tu árbol, y la ruina de tus rimas será tu castigo!!
Haciendo uso de sus terribles poderes, la juez lanzo una terrible maldición contra el roble donde estaban escritas las brillantes rimas del Alquimista, y tan horrible fue esta, que corrompió el anciano corazón del árbol, haciendo que se pudriera de dentro a afuera, marchitando sus hojas, retorciendo sus ramas, haciendo caer oscuros trozos de corteza corrupta, hasta que solo quedo un triste tocón hendido y quemado donde antes había un orgulloso roble. Ni un triste rastro de las rimas del Alquimista quedo a la vista, y se oyó un gemido de consternación entre hadas y duendes.
-Asume tu posición, Ninfa, y vosotros, los demás, ved cual es el precio de la traición!!-exclamo exultante la juez al ver lágrimas en el rostro de la Ninfa-.
Con una sardónica carcajada, la juez se alejo entre las gentes del reino, apartándose de la escena. Pero no vio que otro juez, oculto con una capa azul sobre su armadura de caballero observaba disgustado el comportamiento de su par, y con pena la tristeza de la Ninfa.
Esta vago por el bosque, hasta llegar hacia las puertas del reino, pensando seriamente si abandonar tan injusto lugar, dolida por saber que aun queriendo hacer el bien…había sido castigada cruelmente. Justo cuando tomaba la decisión de salir, y rozaba con su mano el pomo de la puerta dorada…esta se abrió, y el lobo entro dentro del reino, acabado su exilio. La Ninfa se cogió al cuello del lobo, alborozada de alegría, y luego poco a poco, narro su historia y la traición de la juez. El lobo escuchaba ceñudo, serio y sin decir palabra, y por fin, con una voz cavernosa, dijo:
- Quien nos guardara de los guardianes?....esto debe acabar!!-y desnudo sus afilados dientes en una feroz y lobuna sonrisa- Traeremos justicia al reino, Ninfa….pero debemos ser cautos, pues no podemos competir contra su magia. Mientras tanto, espera y observa….nuestros enemigos no tardaran en bajar la guardia, y entonces será demasiado tarde para ellos.

"Sueño de una noche de Invierno"


Erase una vez…mas allá de las fronteras de los reinos humanos, que existía un lejano país de rosadas cumbres, poblado por muchos y sabios habitantes….En este hermoso lugar, bajo la sombra de los milenarios robles, las buenas gentes grababan en la dura corteza, con tesón y paciencia, rimas de pasión y alegría, de tristeza y soledad, y de todas aquellas emociones que pueblan el corazón. Porque la razón de la existencia del reino era su sabiduría, y el consuelo que las almas atormentadas alcanzaban al leer tales rimas. Todo en nombre del Amor.

En este florido país vivían las más extensas especies fruto de la fantasía…Sátiros y ninfas, duendes y hadas, príncipes de todos los colores y princesas encantadas, animales parlantes y espíritus humoristas. Y todos ellos vivían en paz, arropados en la comunidad de la cual aprendían y a la cual servían con su conocimiento, su risa y su buen hacer. Tal lugar era gobernado por un sabio Rey, meritorio y poderoso, que sacrificando años de su existencia, hizo brotar el reino de la nada, en un despliegue de generosidad que pobló los rosáceos valles, las verdes montañas, y los amplios bosques donde se tallaban los consejos que habían de leer los caminantes que visitaban el reino.
Pero el Rey, aunque fuera un poderoso mago, era un simple mortal, no podía afrontar solo la ingente tarea de gobernar tan majestuoso reino, y he aquí que convoco a los más sabios de entre su pueblo para que le ayudaran en la misma. De entre las buenas gentes eligió solo a los más sabios y a aquellos que más rimas habían escrito en los arboles del bosque del consejo, y estos escogidos, pasaron a ser los jueces y consejeros que administraban el reino en nombre del rey. Para ello el Rey los invistió con poderosa y arcana magia, haciéndolos superiores a los demás duendes que poblaban el reino. El Rey, satisfecho con su elección, se retiró a descansar, y a grabar sus propias rimas en la corteza de ancianos robles, feliz con su recuperada libertad.

Los jueces, con sus recién adquiridos poderes mágicos, se dedicaron a mediar en las inevitables disputas que acaecían entre los duendes, haciendo uso de su hechicería para borrar las rimas que se alejaban de la verdad, para hacer que las historias estuvieran cada una en su arboleda correspondiente, y para dar lugar a una coexistencia pacífica en el reino. Normalmente, las buenas palabras y alguna regañina eran suficiente para llamar al orden a los traviesos duendes, pero he aquí que el Rey les había dotado con un terrible y oscuro don….el de arrojar fuera de las cómodas y cálidas fronteras del reino a cualquiera de los duendes, obligándolo a morar en las frías estepas de la sinrazón que acechaban mas allá de las puertas en forma de corazón del reino. Los jueces no abusaban de este poder, sabedores de la responsabilidad que conllevaba, y del terror y la confusión que podían infringir a los despreocupados duendes con tan terrible castigo. Y así, aun con altibajos y discusiones, la paz del reino era mantenida, y todos disfrutaban de las rimas….y del Amor.

Sucedió, no obstante, que en este reino moraba una pequeña princesita encantada….en modo alguno malvada, pero veleidosa y traviesa, caprichosa e infantil, que gustaba de mortificar a los demás habitantes del reino. Tiraba de las orejas de los asnos parlantes, les robaba su flauta de pan a los sátiros, e incluso la emprendía contra las princesas mayores, las cuales, comprensivas, se reían y lo achacaban todo a su corta edad. Sin embargo, con el tiempo la caprichosa princesita, al ver que nadie la castigaba por sus travesuras, y que incluso cuando los jueces la maldecían con el destierro, este le era prontamente levantado, fue aumentando el nivel de sus maldades, hasta un punto en que dejaron de ser meras travesuras, y pasaron a incomodar al resto de los duendes.

Muchos duendes pidieron ayuda a los jueces, pero he aquí que estos estaban mudos, y cuando eran interrogados, decían que en su árbol de la justicia nadie había grabado rimas reclamando ayuda. Como podía ser esto posible?. Así, queridos lectores se daba que una juez, errando en su propósito vital, cegada por el amor y la compasión que sentía hacia la descarriada princesita, borraba cada una de las justas rimas con las que los duendes protestaban contra la ella. Los jueces, y el Rey, por tanto, permanecían en la oscuridad de la ignorancia.

Pronto este comportamiento de la juez fue notado por varios duendes, y trataron de protestar ante el Rey, o los demás jueces, pero ella, muy astuta y falaz, con viles artes de hechicería, borraba las rimas contra su persona, y hacia uso de su maldición del destierro contra aquellos que amenazaban su supremacía….o la de la princesita. Los duendes justos lloraban, y se debatían. Algunos incluso se abandonaban a emociones negativas, y al odio. Muchos abandonaron el reino para no volver jamás, decepcionados con la injusticia que invadía el reino, antes tan amado para ellos. Otros duendes, sin embargo, deslumbrados por la alegre luz infantil que emanaba de la princesita, e hipnotizados por su colorido, se confabularon con ella, prometiéndole lealtad a cambio de las sobras de su mesa.

La princesita tuvo muchos vasallos, de entre los más importantes un bufón serio y bajito, el cual, secretamente enamorado de la princesita, grababa rimas sin fin en innumerables arboledas, y le cantaba alabanzas. Otro era un espíritu sombrío, de los que por las noches moran bajo las camas y asustan a los niños, con un alma pura, pero enmascarado por la fealdad y el auto-desprecio, tanto es así, que no dejaba de declararse ignorante, aun cuando poseía una afilada inteligencia. Por una simple caricia o una rima agradable de su ama, saltaban como cachorros felices, y mostraban los dientes a todo duende que tratara de ponerla en tela de juicio. Los duendes y princesas más listos de entre los justos, decidieron esconderse de la caprichosa corte de la princesita, y evitaron las arboledas donde las insulsas y autocomplacientes rimas de la princesa-niña envenenaban el corazón del bosque. Así paso durante largas eras, con los jueces engañados, el Rey dormido, y la antigua juez, ahora convertida en secreta tirana, aprobando y riendo las gracias de su pupila la princesita.

He aquí que una noche de primavera, arribó a las fronteras del reino un lobo blanco. Habitante de las frías estepas heladas más allá del reino, este había sido herido en batalla contra la soledad y la desesperanza, y buscaba hallar solaz y consuelo más allá de la puerta-corazón del reino. El lobo había oído que sabios duendes poblaban los bosques, y que tal vez en sus rimas, o en el frescor de los profundos lagos del reino, podría aliviar sus terribles heridas. Así fue que el lobo, tras abandonar su antiguo nombre y jurar fidelidad al reino, entro en el mismo, y al poco su triste historia conmovió los buenos corazones de los duendes justos. Sanó de sus heridas, pues aunque su corazón sangraba por dentro, ya llevaba escritas en su piel las hondas cicatrices de mil batallas anteriores contra enemigos más peligrosos, y encontró consuelo y una vida nueva en las sabias palabras de princesas y duendes.

Agradecido por la ayuda, el noble corazón del lobo decidió morar en el reino, pues le gustaban sus prados, y los frondosos bosques llenos de poemas sin fin. Y, al poco, con generosidad, decidió escribir sus propias rimas en los arboles, para ayudar a los caminantes y a los propios duendes. Pues aunque este lobo era un forastero recién llegado al reino del amor, poseía vasta sabiduría sobre las estepas mas allá de los muros, y su corazón era el de un guerrero. Con tales dones, el lobo en su humildad pensó que podía ayudar a quienes bien le acogieron y ayudaron en su miseria sin pedir nada a cambio.

Pasaron los días, y el lobo era feliz componiendo sus rimas en los arboles, hasta que un día, se fijo en que entre sus rimas, alguien se había dedicado a emborronarlo todo, y a hacer chabacanas bromas de mal gusto. Al principio, curioso, alzo sus peludas orejas e investigo por el reino sobre estos hechos, descubriendo que la princesita y su corte eran los responsables de la discordia. En otro tiempo, el lobo hubiera enseñado los dientes con ferocidad, pero había jurado lealtad al reino, y la palabra del lobo era de negro y duro hierro…no podía romperla, aun a su pesar. Exasperado por los infantiles juegos de la princesita, y dándose cuenta de que las travesuras no eran tales, sino dolorosas puñaladas que se daban indiscriminadamente, primero preguntó a las hadas y duendes que consideraba mas sabias, y de todas recibió la misma respuesta :
- Hazte invisible, lobo!, la princesita es intocable, un gran poder la protege, y si decides enfrentarte a ella o a su corte encantada, tan solo conseguirás dolor, e incluso ser desterrado mas allá de los muros a la fría estepa……-coreaban las hadas-
Tantas eran las advertencias de las hadas que lo querían bien, que intento conformarse, pues el apacible reino le había robado el filo a sus colmillos, y decidió ser paciente con la situación. Se hizo invisible, y mudó su actitud por la de un tímido ratón.

Pasó el tiempo, y el lobo, cada vez más impaciente y exasperado por las canalladas de la princesa, decidió un día que no soportaba más esa situación. En uno de los habituales juegos crueles de la princesita, cuando ella bailaba a su alrededor tirándole de las orejas mientras gritaba: “Miradme, miradme!, soy la reina!!, arrodíllate ante mí, lobo tonto!!”, decidió pasar al ataque. Desnudo sus afilados colmillos, salto sobre la princesita, y mordió con saña la blanda carne que había bajo el colorido vestido, mas sin hacerla sangrar, pues se había prometido a sí mismo y al Rey respetar las leyes del reino. Entonces fue que la princesita corrió llorando asustada, y en su defensa surgió el bufón triste, el cual enfrentó al lobo, tratando de hacerle quedar como culpable de la situación, e incluso, bajo la fría apariencia de la razón, atacándolo fieramente. El lobo no se arredró, y arremetió contra el bufón, y contra toda hada, confusa o convencida, que protegiera a la princesita, y así acometió terrible batalla contra la traviesa corte, batalla que fue escrita en sangrantes rimas sobre la corteza de un roble negro.

El fragor de la batalla atrajo a un amable dragón que sobrevolaba el reino. Esta sabia criatura era uno de los jueces del Rey, e investido de su autoridad imperial, recriminó al lobo por su agresiva actitud :

- Lobo, has de saber, que este es un reino de paz y amor, aquí no tienen cabida las dentelladas y los crueles zarpazos que acostumbras, por más justa que sea tu causa. En virtud de las leyes del reino, debo amonestarte por tu mal comportamiento…-clamó el dragón, cuya voz era como miel derramada sobre un trueno-

Cabizbajo, el lobo aceptó la merecida regañina, y bajando las orejas, después de disculparse con el dragón, volvió a su tarea de grabar rimas, que para él era tan gratificante. Así pasó las horas, hasta que al pie del roble donde escribía quedo dormido, despreocupado, pues había recibido su castigo por su mala acción, y estaba en paz con los jueces del reino, todas sus deudas saldadas……..o eso pensaba él.

Pero Oh, triste sorpresa!, Oh, amarga decepción!, Oh, cruel traición!. El lobo despertó sintiendo un amargo frio en todo su cuerpo, y es que ya no reposaba en el cálido suelo del bosque encantado, sino que durante la noche, con vil insidia propia de un vulgar ladrón, la juez tirana había hecho uso de sus poderes haciendo caso a las injustas reclamaciones de su pupila la princesita. Y así, de forma cruel y arbitraria, había maldecido con el destierro al lobo durante varias lunas, para castigar su intento de protesta contra la corte traviesa.

El lobo, primero estuvo confundido…aturdido y helado…después, la negra rabia, antigua compañera, inflamó su pecho. Y en la profunda estepa nevada más allá del reino, emitió un Aullido preternatural y feroz de desafío y perdida. Luego, cavando un refugio en la nieve, intento reposar, mientras rumiaba dolido planes de venganza contra la princesita, la tirana y sus esclavos. Meditaba así la triste bestia, cuando oyó desde lejos voces que le llamaban. Las de las justas hadas y princesas que habían sido mudas testigos de su injusto destierro. Estas hadas, conversaron con él desde lejos, y le dijeron que esperara ante la puerta del reino con paciencia, pues pronto se abrirían las puertas de nuevo, y podría volver a rimar y reír con ellas tras los muros. El lobo gruñó, se desahogó, y halló consuelo entre sus sabios consejos…..

Aun a día de hoy puede verse la figura del lobo ante la puerta del reino, sentado sobre sus cuartos traseros pacientemente mientras observa el dintel en forma de corazón….y añora…y espera.....