miércoles, 14 de abril de 2010

"Sueño de una noche de invierno II : El Viejo y la Ninfa"


Mientras el lobo aguardaba sobre las árticas nieves su ansiado regreso al reino del amor, oscuras tormentas se cernían sobre éste, borrando el apacible azul de sus cielos….y haciendo penetrar las tinieblas en sus habitantes.
Ajena a todo ésto, no obstante, existía una deliciosa criatura, una Ninfa, la hubieran llamado los griegos. Espíritu de la madre tierra, inocente y sabia, esta ninfa era de entre las demás una de las más bellas. Coronaban su hermosa frente dos pequeños cuernecitos graciosos, y sus piernas eran firmes y delicados cuartos traseros caprinos, de un color tostado delicioso, como hechos de chocolate.
Esta Ninfa, era una amante de las rimas, y había recorrido la arboleda arriba y abajo, de izquierda a derecha, buceando entre sus miríada de poemas y versos buscando la Verdad, una verdad con mayúsculas, ineludible y brillante. Sin embargo, entre los miles de troncos grabados del bosque del consejo, no halló aquello que buscaba fervientemente. Asi pues, la Ninfa, languidecía triste, pues la sabiduría del reino no era bastante para ella, y ansiaba ayudar a sus hermanos duendes y princesas.
Cavilaba y cavilaba….estrujándose la cabeza y retorciéndose los cuernecitos….sin saber qué hacer, hasta que, una noche, sus amigas musas la visitaron, y en el curso de una agradable cena de queso añejo y dulce miel de caña, mientras bebían té de menta y pastas en la sobremesa, estas le susurraron:
-La sabiduría que buscas, Ninfa, esta mas allá de los verdes prados, mas allá de los hondos lagos…tras las puertas doradas del reino del amor…
La Ninfa, preocupada, frunció su naricilla con preocupación….
-Pero eso son las estepas heladas!, allí hace frío, y se me congelaran las patas, además, en esas colinas perdidas no hay árboles donde uno pueda escribir rimas….de donde surgirá pues la sabiduría?-pregunto la Ninfa-
Las musas, sonriendo con paciencia contestaron:
-Antes del reino del amor, ya existía esta brillante emoción, y agitaba los corazones de los hombres y las hadas por igual…la sabiduría no se encuentra tan solo tallada en los troncos de los arboles, mi niña…también puede haber sido grabada en piedra, susurrada por la nieve, o transmitida de boca en boca por aquellos que moran tras estos muros…El amor y su sabiduría no es patrimonio único de este reino. Si buscas una verdad mayor, debes viajar y encontrarla por ti misma.

Entonces la Ninfa se levantó decidida, agradeció a las musas su buen consejo, y fue a prepararse para el largo viaje que le esperaba. Tomó su arco de fresno, sus flechas encantadas, y una gruesa pelliza para protegerse del frio, y al alba, cruzó las puertas encantadas, veloz como el rayo mientras en su mente cantaban promesas de verdad y gloria.

-“Mis hermanos y hermanas agradecerán mi valentía al salir en busca de la verdad, sin duda”-sonreía para sí-
Al salir por la puerta dorada, la Ninfa se sorprendió mucho al encontrar a un lobo blanco sentado ante ella, el cual miraba triste al dintel. Y, apiadándose de él, le pregunto:
-Que te ocurre, hermano lobo, que muestras desdicha en tu mirada?, por qué no entras en el reino del amor a solazarte con su sabiduría y correr sobre la hierba de primavera?
El lobo, bajando la mirada le contestó:
-No puedo volver aun, hermosa criatura, he sido exiliado del reino del amor por el injusto edicto de una juez…y aquí debo esperar hasta poder volver a componer mis rimas…mas….por qué abandonas tú el reino del amor?, puedo ver la luz del verano en tus ojos, así que no has sido maldita con el destierro, dime pues, por qué?
La ninfa, orgullosa de su justa causa, sonrió y contesto al lobo:
-Voy a viajar más allá de las estepas nevadas, hasta encontrar sabiduría con la que renovar las rimas del bosque del consejo. Las musas me inspiraron que en esta bárbara extensión, moran y se hallan consejos, que no por antiguos, dejan de ser ciertos. Tal es mi propósito y mi búsqueda.
A lo que el lobo le contestó:
-Ve pues en paz, hermana Ninfa, holla ágil con tus pezuñas la nieve y los dioses quieran que encuentres lo que buscas, así como yo lo deseo, tu causa es noble y justa, parte pues con mi bendición.

Con una inclinación de cabeza, la Ninfa brinco ágilmente sobre el lobo, levantando polvo de nieve y haciéndolo estornudar. Mientras se alejaba por el horizonte, el lobo podía oir sus cantarinas risas, y sonreía para sus adentros, confortado por el roce efímero del reino del amor que poblaba en el corazón de la Ninfa. Después volvió a su paciente vigilancia, y a sus pensamientos.
Durante muchas jornadas, la Ninfa viajo y viajo, busco y busco…incansablemente por la blanca estepa. Durante el día corría y brincaba sobre la brillante superficie, alegre y despreocupada. Pero las noches eran terriblemente frías y albergaban cosas oscuras. Más allá de las luces de su magra hoguera, se vislumbraban sombras y pesadillas…entes oscuros de tristeza y odio…que le susurraban secretos siniestros mientras dormía.

Pese a todo, la Ninfa prevaleció ante estos seres, llegando incluso a hacer uso de sus flechas encantadas para dispersarlos. Pues aunque en las blancas estepas había piedras grabadas con rimas, estas eran inexactas, incorrectas, y no se ajustaban a la Verdad que ella buscaba. Así su viaje se hizo mucho mas largo de lo que pensaba, y la fría nieve que pisaba dia tras dia empezó a infiltrarse en su tostado pelaje, como pequeñas hebras de escarcha.

Por fin, hastiada y cansada de las noches de pesadilla y los días de caminata, una noche de tormenta, la Ninfa entrevió entre la cellisca una cueva lejana, en la falda de una montaña nevada. Alli se dirigió arrebujándose en su pelliza, y se refugio en la pequeña hendidura. Se hallaba preparando su hoguera, muy ocupada, cuando de repente, con un sobresalto, descubrió que no se hallaba sola!.

Tras ella, en la cueva, había un hombre anciano, sentado sobre una piedra y vestido con una túnica de un irisado turquesa marino. Su rostro había sido esculpido con el paso de los años y los elementos hasta parecer un suave pergamino de cuero. Tenía la frente despejada, y una nevada barbita corta de nazareno. Sin embargo, no denotaba seriedad, ni acaso fiereza, sino una especie de serenidad solo rota por ráfagas de regocijo, como si se riera de una cósmica broma solo por él comprendida.
La Ninfa, demudada por la aparición (juraría que no estaba ahí hace un segundo), inquirió al viejo:
-Dis..disculpe, buen hombre, no le había visto al entrar, es por ventura esta cueva suya?, le ruego me perdone si le he molestado…
El viejo solo sonrió, alegre como un niño, y dijo con voz profunda y amable:
-La cueva no pertenece a nadie, no mas al menos que el viento y el mar, sin embargo, como extensión de la madre tierra, cobija a sus hijos en su regazo para protegerlos de la mordedura del frio..que te trae por aquí, Ninfa?, parece que has realizado un largo viaje..
-Asi es, -contesto la Ninfa-, vengo del reino del amor en busca de la Verdad, pues necesito sabiduría mas allá de la recogida en las rimas del bosque del consejo. Por ello he buscado durante muchas lunas, vagando de aquí para allá, sin encontrar mas que medias verdades, y vulgares copias que se desvanecen con solo tocarlas con un dedo…Estoy a punto de desistir de mi empeño, pero tengo la esperanza de encontrar algo que ilumine mi búsqueda.
Entonces el viejo se meso la barba con su mano derecha mientras sonreía y le brillaban los ojos…
-He aquí que has tenido suerte, ninfa, pues soy conocido entre los hombres como un Alquimista de renombre, y quizás yo pueda ayudarte en tu búsqueda.
Dubitativa, la Ninfa contesto:
-Pero los alquimistas solo buscan la inmortalidad…y cambiar el plomo en oro, no es asi?, al menos asi lo recogen las leyendas…
El Alquimista rio alegremente, una carcajada cascabelina, hermosa, como una lluvia de verano, y dijo:
-Prefiero trocar desdicha en sonrisas y alcanzar la inmortalidad por mis buenas obras que aferrarme a quimeras que no pueden alcanzarse, Ninfa. Escúchame esta noche, y hallaras la Verdad que buscas, quizás no toda, quizás demasiada. En mis palabras viven los espiritus de muchos sabios, cuyas rimas hace tiempo aprendi, y ahora te transmitiré a ti. No podras escribirlas en tus rollos de corteza, como imagino que pretendes….no, eso es demasiado fácil. La Verdad que buscas se graba lentamente en el corazón con palabras, y asi yo seré el cincel que en ti obre.
Pasaron la noche hablando ante la hoguera. Una noche que podía haber durado un dia o mil años, tanto y tantas cosas fueron las que se dijeron.
Por fin, tras un merecido reposo, la Ninfa despertó ante las puertas del reino del amor. No sabía cómo había llegado hasta allí, solo pudo suponer que el Alquimista, valiéndose de la magia de sus rimas y sus canciones, la había transportado en sueños hasta allí. Paso junto al lobo, que aun seguía allí, hierático en su postura, y le saludo con una inclinación de cabeza. El lobo no respondía, su mirada adusta, fija en la puerta, pero justo cuando lo sobrepaso, una gran bola de nieve le golpeo en la espalda, derribándola. Cuando quiso darse la vuelta, vio al lobo revolcándose en la nieve, mientras se reía juguetón con la lengua fuera. Sonrió y dijo:
-Vaya con el lobo que todas las devuelve…-y rio dichosa- espero verte pronto tras las puertas-corazón!!, - con esto, se despidió acompañada por los bufidos de risa del lobo.

Por fin traspaso las puertas, agradeciendo el calor que recorría su cuerpo, y recorrió brincando los prados hasta llegar al bosque del consejo. Allí hallo un anciano y hermoso roble, y cogiendo su cincel, copio las palabras que el Alquimista había cincelado en su corazón, letra por letra, hasta componer una bella sinfonía, que fue del gusto de muchísimas hadas y duendes…pero no de todas….

En otra parte del reino del amor, la juez reía las gracias de la princesita y su corte mientras el resto de duendes asistían aburridos a la enésima vez que estos hacían cabriolas y absurdos juegos. Ninguno de ellos, sin embargo, se atrevía a alzar la voz, pues reconocían el duro brillo de la estepa nevada tras los ojos de la juez, y la promesa del frio tras el manto multicolor que vestía. Así pues, callaban, ahogaban bostezos, y trataban de mirar para otro lado.
En un momento dado, no obstante, un coro de risas y exclamaciones de asombro hizo que la concurrencia se diera la vuelta mientras el bufón hacia un complicado numero de malabarismos con muchas tazas llenas de te. Esto hizo que perdiera la atención, y fueron a caer sobre la princesita y la juez, las cuales, enojadas, reprendieron al bufón, que se arrastro sobre su panza de forma gusanil suplicando perdón.

Tras el inicial enfado, la juez fue a ver que causaba tal conmoción, y por fin vio una muchedumbre reunida alrededor del roble que había tallado la Ninfa. Esta estaba muy contenta de poder transmitir las sabias palabras del Alquimista a las gentes del reino, y reposaba feliz sobre una piedra mientras hacía sonar de su flauta dulce música.
El ruin corazón de la juez, no obstante, se inflamaba de odio y de envidia cuando vio tanta gente alrededor de la Ninfa, y rápidamente pensó un cruel plan con el que destruir su alegría. Se dirigió hacia ella mientras sonreía cínicamente, e irguiéndose con majestad imperial en todo su poder, dijo:
-Has de saber, Ninfa ignorante, que las leyes del reino prohíben que cualquier rima externa sea expuesta en sus árboles, si no puedes describir el camino por el cual llegaste hasta ellas. Así pues, dime cuales son esos caminos, o me vere forzada a castigarte!.
La Ninfa, cabizbaja, susurró :
-No puedo describirte esos caminos, Oh, Juez, porque no copie las palabras de algún hito perdido en la estepa blanca, sino que el propio Alquimista las grabó en mi corazón, y asi, de su boca a mi corazón, y de mi corazón al roble, han sido transmitidas, tal es el camino. Si es mi destino el destierro, lo acogeré con valentía, mas las leyes del reino nada indican en este sentido…

La lógica de la Ninfa puso aun mas furiosa a la Juez, que se sabia observada por su pueblo, y poco a poco notaba las sonrisas irónicas de hadas y duendes…Humillada, y dándose cuenta de que se había descubierto a si misma actuando por impulso, decidió cortar por lo sano, y elevando su voz hacia los cielos, clamó :
-No, no será tu castigo el destierro, Ninfa, pues no causaría pesar en tu corazón –dijo con una voz como de cristales rotos-
Retorciendo las manos en complicados gestos, la Juez exclamó :
-La muerte de tu árbol, y la ruina de tus rimas será tu castigo!!
Haciendo uso de sus terribles poderes, la juez lanzo una terrible maldición contra el roble donde estaban escritas las brillantes rimas del Alquimista, y tan horrible fue esta, que corrompió el anciano corazón del árbol, haciendo que se pudriera de dentro a afuera, marchitando sus hojas, retorciendo sus ramas, haciendo caer oscuros trozos de corteza corrupta, hasta que solo quedo un triste tocón hendido y quemado donde antes había un orgulloso roble. Ni un triste rastro de las rimas del Alquimista quedo a la vista, y se oyó un gemido de consternación entre hadas y duendes.
-Asume tu posición, Ninfa, y vosotros, los demás, ved cual es el precio de la traición!!-exclamo exultante la juez al ver lágrimas en el rostro de la Ninfa-.
Con una sardónica carcajada, la juez se alejo entre las gentes del reino, apartándose de la escena. Pero no vio que otro juez, oculto con una capa azul sobre su armadura de caballero observaba disgustado el comportamiento de su par, y con pena la tristeza de la Ninfa.
Esta vago por el bosque, hasta llegar hacia las puertas del reino, pensando seriamente si abandonar tan injusto lugar, dolida por saber que aun queriendo hacer el bien…había sido castigada cruelmente. Justo cuando tomaba la decisión de salir, y rozaba con su mano el pomo de la puerta dorada…esta se abrió, y el lobo entro dentro del reino, acabado su exilio. La Ninfa se cogió al cuello del lobo, alborozada de alegría, y luego poco a poco, narro su historia y la traición de la juez. El lobo escuchaba ceñudo, serio y sin decir palabra, y por fin, con una voz cavernosa, dijo:
- Quien nos guardara de los guardianes?....esto debe acabar!!-y desnudo sus afilados dientes en una feroz y lobuna sonrisa- Traeremos justicia al reino, Ninfa….pero debemos ser cautos, pues no podemos competir contra su magia. Mientras tanto, espera y observa….nuestros enemigos no tardaran en bajar la guardia, y entonces será demasiado tarde para ellos.

"Sueño de una noche de Invierno"


Erase una vez…mas allá de las fronteras de los reinos humanos, que existía un lejano país de rosadas cumbres, poblado por muchos y sabios habitantes….En este hermoso lugar, bajo la sombra de los milenarios robles, las buenas gentes grababan en la dura corteza, con tesón y paciencia, rimas de pasión y alegría, de tristeza y soledad, y de todas aquellas emociones que pueblan el corazón. Porque la razón de la existencia del reino era su sabiduría, y el consuelo que las almas atormentadas alcanzaban al leer tales rimas. Todo en nombre del Amor.

En este florido país vivían las más extensas especies fruto de la fantasía…Sátiros y ninfas, duendes y hadas, príncipes de todos los colores y princesas encantadas, animales parlantes y espíritus humoristas. Y todos ellos vivían en paz, arropados en la comunidad de la cual aprendían y a la cual servían con su conocimiento, su risa y su buen hacer. Tal lugar era gobernado por un sabio Rey, meritorio y poderoso, que sacrificando años de su existencia, hizo brotar el reino de la nada, en un despliegue de generosidad que pobló los rosáceos valles, las verdes montañas, y los amplios bosques donde se tallaban los consejos que habían de leer los caminantes que visitaban el reino.
Pero el Rey, aunque fuera un poderoso mago, era un simple mortal, no podía afrontar solo la ingente tarea de gobernar tan majestuoso reino, y he aquí que convoco a los más sabios de entre su pueblo para que le ayudaran en la misma. De entre las buenas gentes eligió solo a los más sabios y a aquellos que más rimas habían escrito en los arboles del bosque del consejo, y estos escogidos, pasaron a ser los jueces y consejeros que administraban el reino en nombre del rey. Para ello el Rey los invistió con poderosa y arcana magia, haciéndolos superiores a los demás duendes que poblaban el reino. El Rey, satisfecho con su elección, se retiró a descansar, y a grabar sus propias rimas en la corteza de ancianos robles, feliz con su recuperada libertad.

Los jueces, con sus recién adquiridos poderes mágicos, se dedicaron a mediar en las inevitables disputas que acaecían entre los duendes, haciendo uso de su hechicería para borrar las rimas que se alejaban de la verdad, para hacer que las historias estuvieran cada una en su arboleda correspondiente, y para dar lugar a una coexistencia pacífica en el reino. Normalmente, las buenas palabras y alguna regañina eran suficiente para llamar al orden a los traviesos duendes, pero he aquí que el Rey les había dotado con un terrible y oscuro don….el de arrojar fuera de las cómodas y cálidas fronteras del reino a cualquiera de los duendes, obligándolo a morar en las frías estepas de la sinrazón que acechaban mas allá de las puertas en forma de corazón del reino. Los jueces no abusaban de este poder, sabedores de la responsabilidad que conllevaba, y del terror y la confusión que podían infringir a los despreocupados duendes con tan terrible castigo. Y así, aun con altibajos y discusiones, la paz del reino era mantenida, y todos disfrutaban de las rimas….y del Amor.

Sucedió, no obstante, que en este reino moraba una pequeña princesita encantada….en modo alguno malvada, pero veleidosa y traviesa, caprichosa e infantil, que gustaba de mortificar a los demás habitantes del reino. Tiraba de las orejas de los asnos parlantes, les robaba su flauta de pan a los sátiros, e incluso la emprendía contra las princesas mayores, las cuales, comprensivas, se reían y lo achacaban todo a su corta edad. Sin embargo, con el tiempo la caprichosa princesita, al ver que nadie la castigaba por sus travesuras, y que incluso cuando los jueces la maldecían con el destierro, este le era prontamente levantado, fue aumentando el nivel de sus maldades, hasta un punto en que dejaron de ser meras travesuras, y pasaron a incomodar al resto de los duendes.

Muchos duendes pidieron ayuda a los jueces, pero he aquí que estos estaban mudos, y cuando eran interrogados, decían que en su árbol de la justicia nadie había grabado rimas reclamando ayuda. Como podía ser esto posible?. Así, queridos lectores se daba que una juez, errando en su propósito vital, cegada por el amor y la compasión que sentía hacia la descarriada princesita, borraba cada una de las justas rimas con las que los duendes protestaban contra la ella. Los jueces, y el Rey, por tanto, permanecían en la oscuridad de la ignorancia.

Pronto este comportamiento de la juez fue notado por varios duendes, y trataron de protestar ante el Rey, o los demás jueces, pero ella, muy astuta y falaz, con viles artes de hechicería, borraba las rimas contra su persona, y hacia uso de su maldición del destierro contra aquellos que amenazaban su supremacía….o la de la princesita. Los duendes justos lloraban, y se debatían. Algunos incluso se abandonaban a emociones negativas, y al odio. Muchos abandonaron el reino para no volver jamás, decepcionados con la injusticia que invadía el reino, antes tan amado para ellos. Otros duendes, sin embargo, deslumbrados por la alegre luz infantil que emanaba de la princesita, e hipnotizados por su colorido, se confabularon con ella, prometiéndole lealtad a cambio de las sobras de su mesa.

La princesita tuvo muchos vasallos, de entre los más importantes un bufón serio y bajito, el cual, secretamente enamorado de la princesita, grababa rimas sin fin en innumerables arboledas, y le cantaba alabanzas. Otro era un espíritu sombrío, de los que por las noches moran bajo las camas y asustan a los niños, con un alma pura, pero enmascarado por la fealdad y el auto-desprecio, tanto es así, que no dejaba de declararse ignorante, aun cuando poseía una afilada inteligencia. Por una simple caricia o una rima agradable de su ama, saltaban como cachorros felices, y mostraban los dientes a todo duende que tratara de ponerla en tela de juicio. Los duendes y princesas más listos de entre los justos, decidieron esconderse de la caprichosa corte de la princesita, y evitaron las arboledas donde las insulsas y autocomplacientes rimas de la princesa-niña envenenaban el corazón del bosque. Así paso durante largas eras, con los jueces engañados, el Rey dormido, y la antigua juez, ahora convertida en secreta tirana, aprobando y riendo las gracias de su pupila la princesita.

He aquí que una noche de primavera, arribó a las fronteras del reino un lobo blanco. Habitante de las frías estepas heladas más allá del reino, este había sido herido en batalla contra la soledad y la desesperanza, y buscaba hallar solaz y consuelo más allá de la puerta-corazón del reino. El lobo había oído que sabios duendes poblaban los bosques, y que tal vez en sus rimas, o en el frescor de los profundos lagos del reino, podría aliviar sus terribles heridas. Así fue que el lobo, tras abandonar su antiguo nombre y jurar fidelidad al reino, entro en el mismo, y al poco su triste historia conmovió los buenos corazones de los duendes justos. Sanó de sus heridas, pues aunque su corazón sangraba por dentro, ya llevaba escritas en su piel las hondas cicatrices de mil batallas anteriores contra enemigos más peligrosos, y encontró consuelo y una vida nueva en las sabias palabras de princesas y duendes.

Agradecido por la ayuda, el noble corazón del lobo decidió morar en el reino, pues le gustaban sus prados, y los frondosos bosques llenos de poemas sin fin. Y, al poco, con generosidad, decidió escribir sus propias rimas en los arboles, para ayudar a los caminantes y a los propios duendes. Pues aunque este lobo era un forastero recién llegado al reino del amor, poseía vasta sabiduría sobre las estepas mas allá de los muros, y su corazón era el de un guerrero. Con tales dones, el lobo en su humildad pensó que podía ayudar a quienes bien le acogieron y ayudaron en su miseria sin pedir nada a cambio.

Pasaron los días, y el lobo era feliz componiendo sus rimas en los arboles, hasta que un día, se fijo en que entre sus rimas, alguien se había dedicado a emborronarlo todo, y a hacer chabacanas bromas de mal gusto. Al principio, curioso, alzo sus peludas orejas e investigo por el reino sobre estos hechos, descubriendo que la princesita y su corte eran los responsables de la discordia. En otro tiempo, el lobo hubiera enseñado los dientes con ferocidad, pero había jurado lealtad al reino, y la palabra del lobo era de negro y duro hierro…no podía romperla, aun a su pesar. Exasperado por los infantiles juegos de la princesita, y dándose cuenta de que las travesuras no eran tales, sino dolorosas puñaladas que se daban indiscriminadamente, primero preguntó a las hadas y duendes que consideraba mas sabias, y de todas recibió la misma respuesta :
- Hazte invisible, lobo!, la princesita es intocable, un gran poder la protege, y si decides enfrentarte a ella o a su corte encantada, tan solo conseguirás dolor, e incluso ser desterrado mas allá de los muros a la fría estepa……-coreaban las hadas-
Tantas eran las advertencias de las hadas que lo querían bien, que intento conformarse, pues el apacible reino le había robado el filo a sus colmillos, y decidió ser paciente con la situación. Se hizo invisible, y mudó su actitud por la de un tímido ratón.

Pasó el tiempo, y el lobo, cada vez más impaciente y exasperado por las canalladas de la princesa, decidió un día que no soportaba más esa situación. En uno de los habituales juegos crueles de la princesita, cuando ella bailaba a su alrededor tirándole de las orejas mientras gritaba: “Miradme, miradme!, soy la reina!!, arrodíllate ante mí, lobo tonto!!”, decidió pasar al ataque. Desnudo sus afilados colmillos, salto sobre la princesita, y mordió con saña la blanda carne que había bajo el colorido vestido, mas sin hacerla sangrar, pues se había prometido a sí mismo y al Rey respetar las leyes del reino. Entonces fue que la princesita corrió llorando asustada, y en su defensa surgió el bufón triste, el cual enfrentó al lobo, tratando de hacerle quedar como culpable de la situación, e incluso, bajo la fría apariencia de la razón, atacándolo fieramente. El lobo no se arredró, y arremetió contra el bufón, y contra toda hada, confusa o convencida, que protegiera a la princesita, y así acometió terrible batalla contra la traviesa corte, batalla que fue escrita en sangrantes rimas sobre la corteza de un roble negro.

El fragor de la batalla atrajo a un amable dragón que sobrevolaba el reino. Esta sabia criatura era uno de los jueces del Rey, e investido de su autoridad imperial, recriminó al lobo por su agresiva actitud :

- Lobo, has de saber, que este es un reino de paz y amor, aquí no tienen cabida las dentelladas y los crueles zarpazos que acostumbras, por más justa que sea tu causa. En virtud de las leyes del reino, debo amonestarte por tu mal comportamiento…-clamó el dragón, cuya voz era como miel derramada sobre un trueno-

Cabizbajo, el lobo aceptó la merecida regañina, y bajando las orejas, después de disculparse con el dragón, volvió a su tarea de grabar rimas, que para él era tan gratificante. Así pasó las horas, hasta que al pie del roble donde escribía quedo dormido, despreocupado, pues había recibido su castigo por su mala acción, y estaba en paz con los jueces del reino, todas sus deudas saldadas……..o eso pensaba él.

Pero Oh, triste sorpresa!, Oh, amarga decepción!, Oh, cruel traición!. El lobo despertó sintiendo un amargo frio en todo su cuerpo, y es que ya no reposaba en el cálido suelo del bosque encantado, sino que durante la noche, con vil insidia propia de un vulgar ladrón, la juez tirana había hecho uso de sus poderes haciendo caso a las injustas reclamaciones de su pupila la princesita. Y así, de forma cruel y arbitraria, había maldecido con el destierro al lobo durante varias lunas, para castigar su intento de protesta contra la corte traviesa.

El lobo, primero estuvo confundido…aturdido y helado…después, la negra rabia, antigua compañera, inflamó su pecho. Y en la profunda estepa nevada más allá del reino, emitió un Aullido preternatural y feroz de desafío y perdida. Luego, cavando un refugio en la nieve, intento reposar, mientras rumiaba dolido planes de venganza contra la princesita, la tirana y sus esclavos. Meditaba así la triste bestia, cuando oyó desde lejos voces que le llamaban. Las de las justas hadas y princesas que habían sido mudas testigos de su injusto destierro. Estas hadas, conversaron con él desde lejos, y le dijeron que esperara ante la puerta del reino con paciencia, pues pronto se abrirían las puertas de nuevo, y podría volver a rimar y reír con ellas tras los muros. El lobo gruñó, se desahogó, y halló consuelo entre sus sabios consejos…..

Aun a día de hoy puede verse la figura del lobo ante la puerta del reino, sentado sobre sus cuartos traseros pacientemente mientras observa el dintel en forma de corazón….y añora…y espera.....