miércoles, 21 de julio de 2010

Sumido en el silencio



Silencio.
Es amargo, dulce, calmado, tenso, emocionante y sobrecogedor. Tan difícil de romper cuando uno quiere respuestas…..y tan frágil que una simple palabra puede matarlo.
Silencio es mirar hacia dentro, buscar en tu alma, escuchar solo los latidos de tu corazón. En silencio es cuando uno puede hablar consigo mismo. Cuando la única respuesta viene de tu interior. Hay gente que canta en silencio, gente que llora en silencio, gente que ama en silencio, y gente que muere en silencio.
Dicen que es la ausencia de sonido. Que un silencio es un vacio….pero el silencio, a veces…te llena de preguntas, de matices, de sentimientos y emociones. ¿Qué vacio puede hacer eso?. Un silencio no está nunca vacio. Su interior siempre está lleno de ti. En el más absoluto silencio es cuando llenas el hueco que consideramos vacio con nuestra historia, con nuestros pensamientos, con nuestras reflexiones…Hay palabras vacías…promesas huecas…..pero no silencios.
Un silencio es sabio, porque nunca se equivoca. Si uno no va a decir algo más hermoso que el silencio, es mejor que no diga nada…. Un silencio no juzga, porque tan solo refleja tu propio juicio. Un silencio es amigo. De mis horas de silencio crecen las palabras de mis canciones, las frases de mis cuentos, y las flores de mis metáforas.
Pero al ser el silencio poco más que un espejo que nos refleja, un diario de bitácora, o una pausa para pensar…Nos arriesgamos a que las turbias hebras de nuestro pensamiento se retuerzan y formen trampas. Lazos y redes de arrastre que dragan los pantanos llenos de demonios de nuestro subconsciente. ¿Quién sabe qué ignotas y malignas bestias, qué terribles leviatanes, surgirán a la luz de nuestra mente?. ¿Sabe aquel que lo invoca lo que puede trepar desde los pelágicos abismos de su alma?. ¿Está dispuesto a pagar el precio del silencio?.
Al son del silencio baila el negro Behemoth del autodesprecio, repta la Arpía de la inseguridad, y medra la paralizante Hidra de la soledad. Siempre están ahí, moran con nosotros, forman parte de nuestro ser, pero solo cuando el volumen de nuestros pensamientos cae…salen a jugar con nuestra cordura. De la mano de un silencio pueden venir las lágrimas, la desdicha, el pesar, la duda y el miedo. El silencio puede ser cruel, duro e implacable.
Un silencio puede ser culpable, pero nunca El culpable. El silencio no sabe de causar daño, tan solo nos devuelve la mirada desde el otro lado, como una instantánea en la que el fotografiado clava sus ojos a la cámara. Para nuestro horror, muchas veces, nuestro reflejo es retorcido, sucio, ajado y pálido.
Y es que el silencio no miente.
Silencio es la única palabra que tiene más de mil letras.

martes, 20 de julio de 2010

Cancion para Alicia de los Lobos


En el páramo, bajo el crujiente y delicado sonido de miles de celestes flores de hielo que caen sobre la tundra, oigo una voz.
Me adentro en la oscuridad del bosque, siguiendo el rastro, leve como el correr de un tímido ratón, hasta que por fin, alcanzo la fuente de la melodía, el origen del triste susurro.
Estrecho la vista y observo. Apenas se la entrevé bajo una cortina de pesado terciopelo negro que ondea ante sus ojos, un velo de oscuridad, asfixiante y denso, enhebrado durante esas largas horas que el reloj tiene más allá de medianoche.

Es un velo efímero hecho de áspero humo de cigarrillo, del amargo ritmo de las agujas que repiquetean como óseos dedos sobre la tapa de un ataúd, del último trago de vino que se vuelve amargo en la boca, de añejas telarañas sobre fotos amarilleadas por el tiempo y promesas vacías cuyos ecos rebotan eternamente en los muros de un alma cansada. He sentido su abrazo muchas veces, y lo reconozco.

Barro la bruma con un gesto, y ahondo en la visión. Está sentada en una mecedora de oscura madera, construida con afiladas astillas de desdicha, y con cada balanceo, una viruta más de esperanza es robada por el codicioso trono. El balanceo es hipnótico, ligero, suave…y la acuna como la nana de una madre amante, así es como ella no nota el suave roce de la desesperanza. Una tragedia cotidiana, la muerte de las emociones, un cáncer del alma que no me es ajeno.
Miro más de cerca, y sonrío, amistoso. Sorprendido, observo que no hay ríos de plata que surquen los valles de su rostro, ni el negro espectro de la tristeza desbocada cubre su semblante….Hay gris y pulido acero, brillante, tras esos ojos, que en vez de enfocar al suelo, me devuelven la mirada con muda determinación.

Sonríe, su mirada riela como plateada luz de luna sobre un mar nocturno, desafiando y suplicando a un tiempo. Sus ojos de duro metal me hablan de hielo y sombras, de hogueras brillantes enterradas bajo la nieve tiempo ha, con ardientes rescoldos bajo la superficie. Pero no hay miedo en esa mirada, no, ni tristeza, solo cansancio. Habla, y su voz tiene un timbre radiante y fuerte, como la sinfonía de una espada que añora su olvidada vaina. Al sonido de su voz, el negro y duro hierro de mis venas vibra en sintonía con su canción de acero, y la calidez me inunda.

La invito a seguirme. Le aúllo apasionadas canciones de la helada estepa y el eterno mar, de cumbres nevadas y verdes valles, de esperanza y valor. Se levanta de su amargo trono, y me sigue al bosque. Hace mucho que devoré al conejo blanco que en mi habitaba…pero Alicia, cuyo nombre se infiltra en mi mente en ese instante, me acompaña hacia el paramo. Se suceden las canciones, se hacen pactos, le regalo mis recuerdos y a cambio recibo retazos de su historia, las horas pasan, y el tic-tac asesino calla, amedrentado. Por fin su oscuro velo cae bajo el peso de su sonrisa de luna, y, en un momento eterno, en una serena instantánea del infinito, ríe alborozada. Rio a mi vez, satisfecho.

Durante el viaje, Alicia me pide que le enseñe mi reino. Mis bosques nevados, mis valles verdes, y, ¿Por qué no?, también mis gélidos desiertos. Alicia no tiene miedo, y quiere verlo todo. Poco a poco, se lo voy mostrando, tremendamente halagado por su interés. Mientras ella vaga por mi estepa nevada, yo subo por las verdes colinas que ahora, con el velo de la noche caído y roto, amanecen ante mí. Brinco y salto juguetón, retozando entre las rosas de su alma. Alicia se fascina con el ulular nocturno del búho y el aullido del viento gris en mi noche. Baila alborozada, y sus pasos hollan delicados patrones de esperanza y luz sobre el paramo, hasta que se convierten en letras, las letras en palabras, las palabras en frases, y finalmente, se escribe en fulgurantes letras el libro de su vida. Deslumbrado, solo puedo leer una parte, pero me gusta lo que leo. Ella me pide que no pare de cantar, me dice que con mis canciones el gris acero se troca en brillante plata. Y yo me pregunto….¿Cómo podría dejar de hacerlo?, ¿cómo podría dejar en el silencio a mi Alicia de los lobos?.

Sonríe de nuevo para mí, Alicia, déjate bañar por ese rayo de sol. Hoy el viento trajo las musas a mi puerta….y esta canción…es para ti. Bienvenida seas a mi país de las maravillas.

sábado, 10 de julio de 2010

La invitacion (V) "Viernes y Hoy"



VIERNES
“Un mordisco y estas enganchado”, rie Pinky cuando le pide otro tipo de veneno, “Tu mismo, Free, amigo mío, tú mismo, puede que te venga bien hacer un VIAJE, y alguien con tu nombre, debería ser libre, Mr. Scott Free”, suelta otra risita nerviosa y afectada.
“Atate, bien fuerte, bien fuerte, hasta que fluya, eso es, eso es, más rápido, más alto…por favor, libérame, por favor, hazlas callar!”, piensa Scott inconexamente. Luego hay una ola de paz que le invade y….”que es lo que cuelga de mi brazo?”, parece un cruel mosquito hipertrofiado, con su aguijón de acero y su sangre en el cuerpo de cristal, el aire huele dulce, tiene los dedos negros y metal ennegrecido, oleoso y caliente en la otra mano….”no puedo escapar, no puedo escapar”….el parasito le mira, y bate sus alas, frotándolas, está vivo, y le mira, le está mirando!….”no puedo escapar…aun las oigo”….Ven…ven (NO PUEDO ESCAPAR)


HOY
La nevada se hace más intensa, no puede más, el abismo se alza ante el….Relámpagos índigo rasgan el cielo, sus dedos arden de puro frio, la escarcha cubre la barandilla y le zarandea como a un muñeco, el agua se arremolina bajo sus pies…..hay un abismo blanco bajo las aguas, las arañas se lo dijeron, el mosquito de cristal se lo susurro, las voces se lo han contado…todo es blanco, puro, cegador….La muerte del color…sonido de desgarro…Ven…ven…LA DAMA TE ESPERA….(SALTO).

La Invitacion (IV) "Miercoles y jueves"


MIERCOLES
El día pasa entre una bruma nebulosa, Scott ha dormido en el Ford, no sabe como llego hasta allí, se siente febril y cansado, despierta hacia el atardecer, y oye esas campanillas, ese canto de sirena de fondo en todas las conversaciones…debe ahogarlo como sea, es como una molestia perpetua, como una herida abierta, tiene que pararlo, así que vuelve al club…..
Hay susurros en la noche, superponiéndose a las conversaciones, ese sutil cambio de voz, ese comentario casual, todos los ojos le miran… la camarera le ha dicho fóllame, luego ha dicho que se beberá su sangre, con esa voz de cristales rotos y luego solo le miraba, esperando el cambio, confusa, tiene los ojos verdes, tiene las pupilas verticales, tiene….”ahora no estoy dormido!”.....Ven, ven, (ME ESTOY VOLVIENDO LOCO?)


JUEVES
No tienen ojos, y sus bocas están cosidas con hilo de pescar, labios fruncidos y sangrantes, les han metido clavos de ataúd por los oídos y sale sangre de los orificios, no veas el mal, no oigas el mal, no hables del mal, ya no pueden ayudarle….. su piel es del color del papel, y rezuman….. los ve…..lleva todo el día viéndolos….de pie junto a su cama, bajo las escaleras…todos visten igual, gabardinas grises raídas y deshilachadas, miran desde lo alto, en los alfeizares de las ventanas, en los balcones, como tristes gárgolas muertas…..no tienen ojos, pero le siguen con la mirada…le acechan, le juzgan, y parecen tristes…su amo está muerto, le aman pero no pueden ayudarle, ya no pueden sentir…los nexos se han roto…Ven…ven…..(YA NO PUEDEN PROTEGERME)
Los sueños se han vuelto más vividos, tanto que se confunden con la realidad, pasa el día en una duermevela hipnótica, atroz, temiendo dormir, solo oye la insistente voz que le llama, como campanillas y cascabeles enterrados y puede ver a los silenciosos vigilantes de ojos muertos en todas partes, a todas horas….
Finalmente, desesperado por no dormir, pide ayuda, enloquecido. “Pinky tiene lo que necesitas, nene”, canturrea el camello de piel achocolatada y ojos nerviosos mientras le da su parte de las ganancias, y ve como las suyas se esfuman por una medida absurdamente pequeña de cocaína. Pasa esa noche “comiendo techo”, arañas blancas se cuelan por las grietas del hormigón, son las mismas arañas que lleva todo el día esnifando, aun nota sus patitas puntiagudas en las fosas nasales, en las encías, su sabor amargo en el fondo de la lengua…, sabe que le miran, le miran y esperan, si se duerme descenderán por hilos de plata para susurrarle secretos que no quiere saber…Ven, ven….(ESTO NO ESTA PASANDO, POR FAVOR, POR FAVOR, QUE ESTO NO ESTE PASANDO…)


La invitacion (III) "Martes"


MARTES
Voces en la cabeza, prometiendo, amenazando, susurrando, invitando, lamentando, (NO ESTAIS AHÍ), el vaso de bourbon tiembla en su mano, (NO ESTAIS AHÍ), ni siquiera siente el alcohol bajando por su garganta, “estoy durmiendo?” (NO ESTAIS AHÍ), siguen insistiendo, no se callan, ya no puede dormir, ya no puede dormir, “ella vendrá…., me dirá que la mire, y no quiero hacerlo!, tengo miedo”, su mano se crispa y el vaso explota, afiladas hojas de cristal brotan de ella, y se mezclan con las lagrimas rojas que vierte su cuerpo, pero “no siento nada”, …..Ven…ven…(ESTAN AHI)
Le despierta el atronador rugido de un martillo neumático. Por lo visto alguien ha decidido que es un buen momento para hacer un agujero en la calle, Scott se da cuenta de que ha dormido en el asiento de atrás.
-“Jodido perdedor….lo echaste todo a perder, ríe para sus adentros, bueno, esta noche volveremos a intentarlo….”
El resto del día pasa en una bruma aturdida por la resaca, vendiendo y trapicheando, casi no se preocupa del sueño, después de todo, siempre ha tenido sueños extraños, terribles pesadillas de fiebre, donde algo húmedo y frio se arrastra hacia él para devorarlo, son solo malos sueños, después de todo, no?, nada que un hombre adulto deba temer, verdad? Verdad.
Esa noche vuelve al mismo club, pero la camarera no está. En su lugar hay un tipo que parece el primo hermano del portero del hotel, tanto se asemejan que Scott lo mira con suspicacia un buen rato, preguntándose si no será el mismo tipo, haciéndole una especie de seguimiento. El tipo también tiene el mismo amor por el trabajo que su doble, y se dedica a vagabundear de lado a lado de la barra, pero le sirve el bourbon, y eso basta.
Mientras va recorriendo las oscuras calles, muy borracho de camino a su refugio sobre ruedas, se da cuenta de que se ha quedado a oscuras, al parecer una de las farolas se ha apagado. Vuelve la vista atrás, tratando de mantener el equilibrio, y ve que todas las luces se han apagado justo detrás de él…..todas ellas. Se da la vuelta y observa, intrigado. Al principio no ocurre nada, luego las farolas empiezan a destellar intermitentemente, a intervalos, como siguiendo un patrón de algún tipo de código morse críptico y siniestro. Scott retrocede andando hacia atrás, y ve como las farolas encendidas que rebasa se van apagando a su paso, por fin echa a correr, dejando atrás la asfixiante oscuridad, y se para a tomar resuello junto a una cabina telefónica. Justo cuando esta recuperándose, suena un potente timbrazo que le hace dar un vuelco al corazón. BRRRRRIIIIIIINNNNGGG, BRRRRRRIIIINNNNGGG, suena insistentemente. Scott se acerca cautelosamente, con curiosidad, lo observa mientras sigue sonando, mira alrededor, y por fin, llevado por un impulso, descuelga el pesado auricular. Sintiéndose idiota, solo oye el sonido de la línea….suelta un bufido y justo cuando va a colgar, lo oye…
-Mary?- La voz suena cascada, como de cuerdas vocales quemadas y retorcidas por el tabaco y el alcohol de décadas, también tiene un tinte entre suplicante y amenazante…
Scott se queda mudo, no dice nada, y escucha…
-Mary?.....soy yo, pequeña puta descarada!!, creías que te ibas a escapar?, creías que no se lo que haces?, eh?, pues lo SE!!, te he visto, maldita zorra, te he visto con él!!-Scott casi puede oler el acre hedor del alcohol que emana de la voz…
-Quien eres?-pregunta Scott-aquí no hay ninguna Mary, tío, te has equivocado!
-Por eso cogí el cuchillo de la cocina, Mary, cuando os vi ahí…cuando le vi tocándote…algo hizo CLIC! En mi cabeza….., y le dibuje una sonrisa en el cuello, no te pareció gracioso, nena?, no te pareció jodidamente divertido?-a esto le sigue una carcajada histérica, una risotada brutal que hiela la sangre por su absoluta falta de cordura…hasta que rompe en un llanto desconsolado y atroz….
Scott quiere colgar, pero no puede, ha oído algo en la voz, algún matiz olvidado en su subconsciente, le conoce?, me conoce??, un escalofrío le recorre la columna vertebral y sigue escuchando hipnotizado.
-Yo…yo no quería hacerlo, Mary, pero cuando me llamaste aquello…bueno, Mary, un hombre tiene sus límites, si, vaya que si…. Así que tuve que castigarte….por eso te di todas esas puñaladas, y la cama se volvió de color rojo, y estaba toda esa sangre…. Oh, si……-la voz se va apagando, poco a poco.
Scott acerca la oreja y afina el oído, intentando captar algo que se oye de fondo, parece que es la respiración trabajosa del hombre….
-Y ELLOS ESTABAN AHÍ, MARY!!, MIRANDOME SIN MIRAR, OYENDO SIN OIR!!, JUZGANDOME, MARY, JUZGANDOME!!!-El grito hace que Scott salte hacia atrás, dejando caer el auricular……
Cuando está retrocediendo, asustado, y notando la bilis subiéndole por la garganta, Scott oye la última frase….
-Aquí hace frio, mucho frio…..te quiero, Mary.
El teléfono sigue balanceándose mientras Scott emprende una loca carrera que le lleva, tambaleándose y tropezando, cayendo sobre la nieve sucia, hacia un dulce olvido…lo último que oye es esa voz aterciopelada cantando en el viento…Ven…ven….como una promesa, o una amenaza…(TODO ME DA VUELTAS, POR FAVOR, HAZ QUE PARE, HAZ QUE PARE!!)

La invitacion (II) "Lunes"


LUNES
Los ojos color índigo brillante acechan desde la esquina de la habitación, la mujer está ahí, cubierta con su espectral vestido blanco, ”NO PUEDO MOVERME”. Ella se acerca sin mover los blanquecinos y demacrados pies, se desliza sobre el linóleo en parpadeos inconstantes, como los saltos de un DVD rayado, “NO PUEDO MOVERME!”. Se tambalea ebriamente, como alguien que flota en una densa fosa séptica “JODER, NO PUEDO MOVERME!!”. Casi repentinamente.…está a dos dedos de su cama “DIOS MIO, DIOS MIO, NO PUEDO MOVERME!!”, entonces ella levanta una escuálida y pálida mano, la apoya sobre su antebrazo y susurra, con una voz áspera como cristales rotos una única palabra…..MIRAME…, la mira, incapaz de hacer nada mas, y el tétrico fulgor azulado le paraliza totalmente. Ella vuelve a hablar desde sus fríos y muertos labios…. Ven….ven….(DIOS, JESUS, Y TODOS LOS SANTOS, NO, NO, NO).

Scott se despierta empapado en sudor frio, aullando como un animal acorralado, todas las venas y tendones de su cuello y cabeza parecen a punto de estallar…..Poco a poco, el sueño va dando paso a la vigilia, y va tomando conciencia de donde esta…ve el papel pintado sucio y astroso de la pared, el linóleo barato desgastado y podrido que cubre el suelo, y empieza a recordar.
La habitación del hotel es sucia y maloliente. Apenas un ataúd de tres por tres metros con un desvencijado catre militar de metal, una mesa de contrachapado cubierta de quemaduras de cigarrillo y un gancho en la pared, que hace las veces de armario. La ventana, con los cristales rotos tapados desmañadamente con plásticos y cinta de embalar, tiene una persiana con los travesaños de madera hinchados y podridos por la humedad, que deja pasar la avara luz solar de la mañana. Sobre el duro colchón, que apesta a orines y a cosas peores, hay una manta del ejercito con agujeros de polillas. Scott da una mirada en derredor, y tira de una pequeña cadena que pende del techo. La bombilla barata, colgando de un precario cable eléctrico amarillento, ilumina el pequeño nicho, que aun parece retumbar con los ecos de su agitado despertar.
Ahora puede oír el zumbido de la “calefacción”, por el que el cerdo repugnante con forma humana que regenta este antro le ha cobrado 8 dólares más la hora. Apenas es un zumbido bajo, tosigoso, que llega a través de una rejilla de ventilación en la cual anida una parda colonia de moho. La habitación esta helada, y su respiración es visible en pequeñas nubes de vapor. Otro ruido atrae su atención. Al parecer la cinta de embalar, totalmente empapada, se ha desprendido del plástico, y una de sus puntas aletea patéticamente, como una corneja atrapada en una trampa, dejando pasar el frio aire matinal. Buena forma de empezar la mañana.
Aturdido, trata de sentarse en la cama, e inmediatamente un sordo dolor invade sus sienes con virulencia.
-“Oh, Dios, anoche debió ser una de las gordas” - piensa dolorido.
-“Donde demonios estoy?”- inmediatamente después.
Se aclara los ojos con el dorso de la mano, y echa una ojeada al deprimente lugar, el papel de las paredes está cubierto de pintadas y manchas, con números de teléfono que anuncian prostitutas, gente que lo hace gratis, e incluso (le causa hilaridad), un anuncio de venta de un piso. Sobre la estropeada mesa, hay una Biblia con la mitad de las páginas arrancadas, la hojea curioso, y descubre que alguien se ha dedicado a escribir obscenidades en todas y cada una de las paginas restantes con un rabioso rotulador rojo.
-“Genial, ahora ya sé que no puedo caer más bajo” – se dice a sí mismo, pero entonces recuerda la dura voz de Miss Hollister, hablando desde sus recuerdos…“El infierno no tiene planta baja, muchachito, recuérdalo bien”.
Scott sonríe con desgana y se incorpora, se rasca la descuidada barba de dos días y recupera sus botas de bajo las patas de la cama, levantándola, un viejo truco de albergue para mendigos. No es muy probable que le roben en un antro asi, no con la silla apoyada contra el picaporte de la puerta (otro habito de juventud), pero las viejas costumbres tardan en morir.
Vence la mareante sensación de cansancio que le invade, y renuncia a echarse otra vez en el colchón, después de hacer un rápido calculo mental de sus reservas monetarias, decide que no puede permitírselo, así que se viste rápidamente para evitar el frio. Tejanos, camiseta gris interior y una camisa azul con manchas de vomito y sangre, que oculta con la vieja cazadora de aviador, gastada como si hubiera pertenecido a algún piloto de Messerschmitt de la segunda guerra mundial, por último, cubre sus helados pies con las duras botas militares, y, apartando la silla, sale de la habitación al pasillo, justo a tiempo de ver una rolliza rata escabullirse pesadamente.
Recorre quince metros de pasillo festoneado de nichos semejantes al suyo, mientras escucha como si no hubiera pared las diversas actividades que se desarrollan en su interior. En uno hay una radio que no sintoniza bien, lanza ruidos parásitos y vomita de vez en cuando interferencias, mezcladas con una sincopada canción de los Rolling Stones, “Paint it black”, piensa distraídamente Scott. En otro de los nichos se oye un siniestro crujido de muelles, que con cada embestida parecen advertir desesperadamente que van a partirse, subrayado por sonidos húmedos y susurros entrecortados. Una discusión a grito pelado entre borrachos interrumpe y cubre el sonido de intimidad, con el ruido de botellas rotas chocando contra la pared. Por fin alcanza el aseo, y se lava la cara con el agua del grifo tiritando. El polvoriento espejo le devuelve la imagen de un joven en la veintena, alto y de espaldas cargadas, con un rostro agradable, aunque con un repunte de tristeza en los enrojecidos ojos, como si hubieran visto demasiado. Una áspera barba desmañada de color negro, como sus desordenados cabellos, le cubre el rostro, que posee cierto aire de decisión circunspecta, incluso de nobleza o arrogancia.
-“Estoy hecho un desastre, joder”- suspira y decide bajar a liquidar la cuenta del antro y a intentar desayunar, puede que el día no esté perdido, después de todo….
Notando como se reactivan sus dormidos músculos, Scott baja las escaleras de dos en dos, poniendo cuidado en no tropezar en los combados escalones, y llega hasta la recepción, donde una obesa y calva parodia de hombre enfundada en una estridente camisa hawaiiana hojea una revista pornográfica con los bordes acartonados. Se dirige directamente a él y le interpela:
-Que se debe por aquí, jefe?- mientras echa mano a la cartera.
El gordo, saliendo de su lubrico ensimismamiento, baja un momento la revista y le mira con sus porcinos ojillos, luego señala con un dedo rechoncho manchado de nicotina un cartelito pegado al cristal, apuntando a donde pone: HABITACION CON CALEFACCION, NOCHE COMPLETA 40 DOLARES. Scott ve un cigarrillo consumiéndose en un abarrotado cenicero tras el cristal de protección en el que se refugia, el cual parece convertir en una especie de mini-cámara de gas el reducto del portero. Suspira deseando que fuera gas cianido lo que sale del cenicero mientras se rasca el bolsillo.
Sale a la calle, y el frio aire le da la bienvenida, terminando de despertarlo y alejando el hedor del hotel de su nariz, anoche nevó con fuerza, y la calle está cubierta de nieve sucia, arrastrada por los pies de los peatones y esparcida por las ruedas embarradas de los coches. Deambula entre la multitud, encaminándose hasta una caseta blanca situada junto a una obra, donde hay varios obreros reunidos y de la que emana un delicioso aroma a café.

Paga el dólar y medio que le piden por un café largo con mucho azúcar, y enciende un cigarrillo, aspirando el humo con ansiedad. Más tranquilo, y plenamente despierto, examina su situación. Le quedan menos de 30 pavos en el bolsillo, pero, si hoy tiene suerte, podrá vender algo y recuperar lo suficiente para comer y pasar la noche, después de todo, no tiene que ver a Pinky hasta el viernes, por lo menos, y aun le queda bastante material en el maletero del Ford. Termina el café y el cigarrillo, y se encamina hacia el coche.

El resto de la mañana la pasa vendiendo el tabaco de contrabando de obra en obra, y haciendo algún que otro trapicheo con hierba para los clientes habituales, smoky jay, willy el gato…, el día se le da bastante bien, ha conseguido sacar un buen pico, aun descontando la parte de Pinky y se premia almorzando una buena hamburguesa en un Wendy’s con una cerveza y pastel de manzana. Cuando empieza a oscurecer, aparca el coche en un aparcamiento público, y decide que ahí será donde pasara la noche.
-No me vendría mal una copa, la verdad-su voz suena hueca en el aparcamiento, y así, sus pasos le encaminan hacia un bar.
El bar es un antro llamado Deuce Club, con algunas Harley-Davidson aparcadas en la puerta y una bandera confederada ondeando bajo la nevada, que empieza de nuevo a arreciar tras un día de tregua. En el bar hay pocos clientes, están cuatro moteros, que parecen tener toda la pinta de ser del famoso “dos por ciento”, por sus tatuajes carcelarios y las hoscas miradas que le echan mientras apuran sus Bud. También hay un par de hombres con mono de mecánico grasiento sentados en la barra, y uno de esos individuos que nunca faltan en ningún bar de verdad, borracho hasta las cejas mientras babea sobre la barra de madera.
Tras la barra hay una camarera que, de no ser por su patético aire de somnolencia, podría ser bonita. Lleva el rubio pelo largo, recogido en una trenza, y un tatuaje con una rosa le cubre el hombro izquierdo. Scott sonríe mientras se sienta en un taburete de la barra.
-Hola encanto, ponme algo para calentarme, que hace una noche de perros ahí fuera.
La camarera, lánguida y aburrida, responde.
-Que quieres?
-Me gustaría tu teléfono, estoy seguro de que tu sí sabrías quitarme el frio, pero me conformare con un bourbon…-le guiña un ojo.
Desdeñosamente, la mujer resopla y va al estante a buscar una botella de Wild Turkey, no sin que Scott pueda observar que la camarera le echa una mirada furtiva, calculadora…
-“No has perdido el toque, Scott, viejo amigo, si te lo haces bien, igual puedes pasar esta noche en una acogedora cama en compañía de esta tipa en vez de volver al puñetero coche…”.
Por fin ella le sirve una medida doble de bourbon en un vaso con hielo, inclinándose quizás un poco más de lo necesario para ello, y dándole una buena perspectiva de su flamante escote.
Scott bebe en silencio, observando de vez en cuando a la camarera, mientras deja su mente vagar por sus recuerdos.

Entornando los ojos mientras escucha la voz cascada de Johnny Cash cantando “Streets of Laredo”, Scott recuerda el Accidente, el Orfanato de King’s Corner, con la pétrea y digna Miss Hollister al frente, las muchas escapadas por todo el estado, hasta que el gobierno decidió que ya no valía la pena buscarle, los días duros de autostop y robar electrodomésticos en pisos, los tiempos en que estuvo trabajando en la construcción de la interestatal I-36 y la camaradería con los obreros de la construcción, Spanky, Williamson, tanta gente buena, y luego el despido repentino, la huelga y la carga policial donde le dejaron esa fea cicatriz en la espalda….Sally con su vestido rojo, tan ceñido como una segunda piel, bordeando su cuerpo de atleta…..Sally…
Paso el resto de la noche bebiendo, y al final no durmió en una cama, sino en el destartalado Ford, mientras rumiaba para sí y canturreaba ebrio una canción…..”Long Tall Sally”, y una lagrima solitaria rodaba tristemente por su mejilla.

La invitacion (I) "Hoy"



“You know the day destroys the night Night divides the day Tried to run Tried to hide Break on through to the other side Break on through to the other side Break on through to the other side, yeah!”
Break on through to the other side, The Doors.

HOY
El viejo Ford gris boquea y expira, asfixiado…., los limpia-parabrisas aun se mueven, como los estertores de un pez fuera del agua, batiendo inútilmente el cristal empañado. Un humo acre y aceitoso se cuela por las rejillas de ventilación, el tubo de escape está bloqueado, el radiador ha muerto, la calefacción esta quemándose lentamente, sin llama….sería tan fácil…dormir….pero no puede, no así, aún no.
El hombre, aterido por el glacial frio, baja de la inútil maquina, dejándola abandonada en la carretera sin nombre para que un blanco túmulo de nieve la cubra en su fría mortaja. Hay decisión en sus ojos grises, pero también dolor y un destello febril que guía sus pasos por la blanda alfombra embarrada del arcen.
El cielo parece un colchón sucio, gris y manchado, con rasgaduras en su tela, que dejan ver jirones en forma de nubes. Tensas virutas de este cielo roto caen sobre su cuerpo en fríos cristales, y le devuelven a la realidad por un instante, apartándole de su oscuro mundo interior. Arropándose en su vieja cazadora de cuero, deja ir la vista hacia atrás, observando los caminos muertos hace horas, con el pálido color de un cadáver desangrado, cubierto de las curvas heridas color de barro de las rodadas de su coche. Suspira y se estremece, tuerce el gesto, y sigue adelante, hacia su objetivo.
Por fin, entre los copos de la ventisca que arrecia, ve las primeras cuerdas de acero que sostienen la estructura de oscuro metal, hay una vieja señal de plástico clavada sobresaliendo apenas de la nieve, donde solo se puede leer la ominosa palabra CONDENADO. “Muy adecuado”, piensa el irónicamente mientras pasa de largo la señal, hollando pesadamente la nieve que cubre el puente, “jodidamente adecuado, de hecho”. Este pensamiento está a punto de arrancarle una amarga risa, pero entonces llega hasta la pasarela, y abandona todo otro pensamiento.
Trabajosamente pasa por encima de la pasarela, tomando mucho cuidado en no resbalar. “Ahora no es el momento, aun no”, piensa decididamente, sus manos se agarran con fuerza al borde, y por fin, consigue ponerse al otro lado, con las punteras mojadas de sus botas suspendidas en el vacío, y agarrado con los brazos en cruz a la pasarela. Se obliga a mirar, y ve la turbia y arremolinada corriente de agua negruzca, que fluye con fuerza unos cincuenta metros más abajo. Una dura sensación de vértigo le alcanza, y de pronto es consciente del fuerte viento a su alrededor, de los rechinantes crujidos del viejo puente oxidado, de la precariedad de la pasarela donde está sujeto….a pesar del glacial frio, suda profusamente bajo la apretada chaqueta de cuero, su cuerpo se resiste a lo que la mente le pide.
No hay un alma en kilómetros a la redonda, se ha asegurado de ello, aun puede pensar con claridad de vez en cuando, y de todas formas es un plan sencillo. La decisión se apodera de él una vez más, y balancea su peso sobre los talones hacia delante, convirtiéndose en un extraño mascaron de proa vivo y cálido contra el congelado puente, su último barco, piensa de forma extraña. La tormenta ruge y aprueba, y bajo el estruendo de la cellisca y los copos afilados que amargamente le hieren el rostro….ahí esta….Ven a mí….ven…. “NO PUEDO SOPORTARLO, NO PUEDO SOPORTARLO, NO PUEDO SOPORTARLO!! CALLATE!!” Cierra los ojos y la dulce voz sigue ahí….