martes, 20 de julio de 2010

Cancion para Alicia de los Lobos


En el páramo, bajo el crujiente y delicado sonido de miles de celestes flores de hielo que caen sobre la tundra, oigo una voz.
Me adentro en la oscuridad del bosque, siguiendo el rastro, leve como el correr de un tímido ratón, hasta que por fin, alcanzo la fuente de la melodía, el origen del triste susurro.
Estrecho la vista y observo. Apenas se la entrevé bajo una cortina de pesado terciopelo negro que ondea ante sus ojos, un velo de oscuridad, asfixiante y denso, enhebrado durante esas largas horas que el reloj tiene más allá de medianoche.

Es un velo efímero hecho de áspero humo de cigarrillo, del amargo ritmo de las agujas que repiquetean como óseos dedos sobre la tapa de un ataúd, del último trago de vino que se vuelve amargo en la boca, de añejas telarañas sobre fotos amarilleadas por el tiempo y promesas vacías cuyos ecos rebotan eternamente en los muros de un alma cansada. He sentido su abrazo muchas veces, y lo reconozco.

Barro la bruma con un gesto, y ahondo en la visión. Está sentada en una mecedora de oscura madera, construida con afiladas astillas de desdicha, y con cada balanceo, una viruta más de esperanza es robada por el codicioso trono. El balanceo es hipnótico, ligero, suave…y la acuna como la nana de una madre amante, así es como ella no nota el suave roce de la desesperanza. Una tragedia cotidiana, la muerte de las emociones, un cáncer del alma que no me es ajeno.
Miro más de cerca, y sonrío, amistoso. Sorprendido, observo que no hay ríos de plata que surquen los valles de su rostro, ni el negro espectro de la tristeza desbocada cubre su semblante….Hay gris y pulido acero, brillante, tras esos ojos, que en vez de enfocar al suelo, me devuelven la mirada con muda determinación.

Sonríe, su mirada riela como plateada luz de luna sobre un mar nocturno, desafiando y suplicando a un tiempo. Sus ojos de duro metal me hablan de hielo y sombras, de hogueras brillantes enterradas bajo la nieve tiempo ha, con ardientes rescoldos bajo la superficie. Pero no hay miedo en esa mirada, no, ni tristeza, solo cansancio. Habla, y su voz tiene un timbre radiante y fuerte, como la sinfonía de una espada que añora su olvidada vaina. Al sonido de su voz, el negro y duro hierro de mis venas vibra en sintonía con su canción de acero, y la calidez me inunda.

La invito a seguirme. Le aúllo apasionadas canciones de la helada estepa y el eterno mar, de cumbres nevadas y verdes valles, de esperanza y valor. Se levanta de su amargo trono, y me sigue al bosque. Hace mucho que devoré al conejo blanco que en mi habitaba…pero Alicia, cuyo nombre se infiltra en mi mente en ese instante, me acompaña hacia el paramo. Se suceden las canciones, se hacen pactos, le regalo mis recuerdos y a cambio recibo retazos de su historia, las horas pasan, y el tic-tac asesino calla, amedrentado. Por fin su oscuro velo cae bajo el peso de su sonrisa de luna, y, en un momento eterno, en una serena instantánea del infinito, ríe alborozada. Rio a mi vez, satisfecho.

Durante el viaje, Alicia me pide que le enseñe mi reino. Mis bosques nevados, mis valles verdes, y, ¿Por qué no?, también mis gélidos desiertos. Alicia no tiene miedo, y quiere verlo todo. Poco a poco, se lo voy mostrando, tremendamente halagado por su interés. Mientras ella vaga por mi estepa nevada, yo subo por las verdes colinas que ahora, con el velo de la noche caído y roto, amanecen ante mí. Brinco y salto juguetón, retozando entre las rosas de su alma. Alicia se fascina con el ulular nocturno del búho y el aullido del viento gris en mi noche. Baila alborozada, y sus pasos hollan delicados patrones de esperanza y luz sobre el paramo, hasta que se convierten en letras, las letras en palabras, las palabras en frases, y finalmente, se escribe en fulgurantes letras el libro de su vida. Deslumbrado, solo puedo leer una parte, pero me gusta lo que leo. Ella me pide que no pare de cantar, me dice que con mis canciones el gris acero se troca en brillante plata. Y yo me pregunto….¿Cómo podría dejar de hacerlo?, ¿cómo podría dejar en el silencio a mi Alicia de los lobos?.

Sonríe de nuevo para mí, Alicia, déjate bañar por ese rayo de sol. Hoy el viento trajo las musas a mi puerta….y esta canción…es para ti. Bienvenida seas a mi país de las maravillas.

2 comentarios:

  1. Alicia de los lobos20 de julio de 2010, 22:48

    Tras largos caminos marcados por la soledad y la tristeza, Alicia se sumergió en un abismo que parecía no tener fin; descendía rapidamente a la misma velocidad que su alegría,sus ganas de vivir,sus emociones de desvanecían entre las corrientes de aquel torbellino; Alicia,inocente,no se había percatado de que aquel malvado abismo estaba robandole el alma....

    Continuó descendiendo y descendiendo, cada vez más consumida, su alma estaba a punto de ser deborada por completo y su sonrisa, aquella sonrisa que iluminaba su rostro y esos hoyitos dibujados en sus mejillas sonrojadas que la acompañaban,iban a ser borrados para siempre...

    Alicia, resignada,cerró los ojos esperando su trágico final y,de repente, escuchó un aullido estremecedor que erizó hasta el último vello de su cuerpo; esperó ansiosa la respuesta a aquel aullido,pero no llegaba; los segundos se hacían minutos,los minutos horas.....y de nuevo resignada cerró los ojos sin esperanza alguna,pero algo dentro de sí le impulsó a abrirlos de nuevo y alli estaba él, atravesando las fieras corrientes como si de plumas se tratasen....de semblante serio y mirada penetrante,capaz de llegar hasta el alma de Alicia y recomponerla....en ese mismo instante el tiempo se detuvo,a Alicia no le importaba lo que sucediera despues, solo deseaba que ese instante fuera eterno....

    En seguida se dio cuenta de que continuaba en el abismo y cerró de nuevo los ojos,pero esta vez deseó con todas sus fuerzas un rayo de sol que la iluminara hacia la salida; cuando los abrió alli continuaba él, pero su deseado rayo de sol no aparecía, por lo que comenzó a llorar desconsoladamente....él,le dijo: Alicia, ¿por qué lloras?,¿ es que acaso no pediste un rayo de sol cuando cerraste los ojos?, ella le miró sorprendida y desconcertada; él sonrió pícaramente y le dijo: Alicia,mi Alicia, sígueme,no temas, te mostraré la salida...le tendió su mano y la acompañó hacia la misma....

    Una vez arriba, él le señaló un arbol, el arbol más hermoso que jamas habia visto y le dijo: camina hacia él,encontrarás tus respuestas....ella, temerosa, caminó lentamente hacia alli y cuando estaba frente a él,leyó " Alicia de los lobos" y justo debajo un texto que comenzó a leer con ansia y miedo al mismo tiempo...tras pocas palabras,las lágrimas comenzaron a brotar,una por cada palabra....él rapidamente se acercó a ella y le dijo: mi Alicia, ¿por qué lloras?, ¿es que acaso no deseabas respuestas? y ella le respondió: mis lágrimas no nacen de la tristeza, nacen de la felicidad de mi alma,de la plenitud de mi corazón y del renacer de mi alma.....y tras pronunciar dichas palabras,en el mismo árbol donde él habia escrito su historia, ella escribió:


    Mi querido rayo de sol, las lágrimas inundan mi cara y apenas me quedan palabras porque me has dejado sin ellas, sólo recuerdo siete y las plasmo aqui para hacerlas tan eternas y mágicas como lo que me ha sucedido hoy a mi:

    "déjame iluminarte con mi sonrisa cada mañana, tu Alicia"

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  2. Desde que una voz dijo "Hagase la luz", nadie habia sido tan gloriosamente iluminado como yo lo he sido leyendo esas siete palabras. Muchas gracias mi Alicia de los lobos, quedate todo el tiempo que quieras, esta siempre sera tu casa.

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