domingo, 27 de febrero de 2011

Un cielo de polvora






“Para Bellum”


Naci del frio vientre de mi madre, en un lugar remoto, junto a millones de hermanas. Todas eramos iguales, y todas seguíamos el mismo camino. Todas llevamos su marca grabada en la piel.


Recuerdo con tanto cariño aquellos momentos….deslizandonos todas sobre el fieltro, en un suave vaivén que casi era una danza, rozaba a mis semejantes, chocaba con ellas y volvia atrás de nuevo, mientras dedos delicados y pacientes me examinaban y asentían complacidos. Me sentía plena, útil, feliz….


Despues cayo la oscuridad, y junto a otras muchas, me encerraron en una fría caja. Aun oigo los golpes del martillo que aseguraba los crueles clavos de ese ataúd. Todas estábamos nerviosas, nos preguntábamos porque nos encerraban asi, algunas lloraban en silencio, otras, las mas valientes se mecían estoicas y aseguraban que debíamos ser fuertes, pues un propósito brillaba en nuestra piel. Estabamos marcadas, y nadie puede huir de su destino.


Los olores cambiaban. De los asepticos alcoholes y aceites que atrapaban los sentidos en donde me dieron a luz, pase a el rico olor de la turba, mezclado con la frialdad humeda de la nieve, mas tarde, el aire empezó a oler a mar, a océano, y a libertad. Las voces tras nuestro ataúd cambiaban, de frias y pacientes, a exigentes, brutales, urgentes y duras.


La tapa salta con violencia, y vemos de nuevo la luz desde nuestro oscuro ataúd. Manos groseras y sucias nos hurgan, nos recogen a puñados. No hay respeto, ni veneración, ya no nos acarician. Algunas de mis hermanas se pierden por el camino. Veo sus dorados cuerpos caer rodando y fundirse en el barro. No habrá propósito para ellas, no habrá un final del camino, mas que perderse entre el barro. No habrá besos para ellas. Suspiro y estoy contenta, el destino me reserva algo mejor.


Pronto esas manos me recogen junto a algunas hermanas, y aprietan, golpean, y encajan nuestros finos cuerpos en una caja de metal. Tengo miedo, todo me aprieta y me ciñe como un fleje de acero. Encima de mi mis hermanas lloran, asustadas. Pero debajo de mi hay alguien a quien nunca había visto. Se parece tanto a mi como yo a mis hermanas, pero no es como yo. Ella no llora, ni tiene miedo. Le hablo preguntándole mil cosas, la atosigo con mis dudas, con mis miedos. Le hablo del propósito que el hacedor marco en mi piel, y de lo contenta que estoy de estar cumpliendo con mi destino. Trato de consolarme a mi misma y a mis hermanas diciéndome que pronto volare, y con alas de fuego, alcanzare el cielo que nos han prometido. Ella sonríe, y me dice que soy una ilusa.


Con voz de plomo, la extraña me dice que muy pocas de nosotras alcanzan su destino, que aunque muchas volamos, muchas mas nos quedamos perdidas y desechadas, clavadas en la fría piedra, y que nunca sentiremos el abrazo de un ser vivo. Que nunca podremos besar a alguien. Ella ha visto a sus hermanas perderse, y teme que nos pase lo mismo.


Truenos parten el silencio, gritos de dolor de mis hermanas, “ya empieza”, dice la extraña. Por encima de mi los crueles garfios las levantan, y un martillo las golpea. Huelo el fuego que surge de sus cuerpos dorados, y oigo sus gritos de alegría y dolor. Es como nacer de nuevo, nacer a la vida, al aire fresco y a la libertad. Ansio ser una de ellas, pero la extraña solo rie quedamente, y me dice “espera y veras”. Vuelvo a tener dudas. Por fin es mi turno, y encajo solidamente en una dura prisión. Tan solo tengo tiempo para despedirme de la extraña y decirle adiós. Miro por un túnel estrecho, con un grabado en espiral y atisbo el mundo. Que hay mas alla?. Solo unos ojos, asustados, henchidos de terror, casi desencajados. Oigo gritos de miedo al otro lado del túnel, suplicas de piedad. Por que lloran?, yo solo quiero besarles. Solo quiero que me sientan en su interior. El martillo cae, hay un trueno, brotan de mi espalda alas de fuego y el aire se llena de un olor acre y feroz. Vuelo como el rayo y giro desesperada mientras recorro el túnel que me lleva a la luz. Alli hay una persona. Feliz, por fin, la beso. Luego me entierro en su carne, rompo huesos, perforo órganos, y , con un estampido rojo y atono, salgo al otro lado. Por fin estoy completa, por fin soy yo, quienquiera que fuera esa persona…no te conozco…pero por un breve instante hemos sido uno. Te amo.